Prólogo

327 Palabras
Cordelia estaba a punto de desmayarse… El desconocido que estaba frente a ella, la miraba con un profundo desprecio y rabia… Mirando alrededor con desesperación, se preguntaba ¿­dónde estaba? ¿Y sus padres? ¿Emma? El hombre con aspecto amenazante se acercó. Cordelia sentada en el suelo, se arrastró hacia atrás encogiéndose de terror, mientras el desconocido le gritaba: —¡Donde está ella! ¿Quién eres tú? — ¿Ella? —Apenas dijo balbuceando. —¡Si ella! ¡Emma Campbell! ¿Qué hacías en su cuarto?—El desconocido la tomo de los brazos sacudiéndola con fuerza, levantándola del piso—¿Quién eres tú? ¡No te quedes callada!... — ¿Emma? ¡Por dios! ¿Por qué este salvaje conocía el nombre de su hermana? De repente la angustia, el miedo, comenzaron a hacer mella en su espíritu, las piernas le flaquearon y comenzó a llorar, el desconocido la soltó con brusquedad, al tiempo que retrocedió maldiciendo, ella cayó de rodillas. Caminando de un lado a otro molesto—¿Cómo pude haberme equivocado? ¡Podría haber jurado que era ella en el balcón! ¡Que era su cuarto!— Se volvió mirándola fijamente y dijo pensando en voz alta — Quizás el mismo color de cabello… — ¡Pero que va, no eres ni su sombra! — agregó iracundo —¡SOLO ERES UNA CHIQUILLA INSIGNIFICANTE! Y se alejó rápidamente con furia y frustración. Cordelia aun en el suelo se abrazó a sus rodillas, ahogada en su pena, temblando, lloro en silencio con el alma en un hilo, rezo para que ese hombre no regresara, temiendo por su vida—¡Dios mío por favor protégeme! ¡Papá, papito ven a buscarme, escúchame donde quiera que estés!—. Lo repitió una y otra vez como una oración, recordando el abrazo cálido de su padre, con una fuerte opresión en el pecho se preguntó si algún día lo volvería a ver.
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