Había caído la noche, y el señor Dominick Brown se encontraba afuera del hotel, esperando como se lo habían indicado. Justo en ese momento salieron Cordelia y Ashley, a su encuentro, el señor Brown las saludo con la mano derecha para indicarles donde estaba, ellas sonriendo se acercaron el cochero que se quitó el sombrero inclinándose para saludarlas. — ¡Señoritas, buenas noches! — ¡Buenas noches!— Respondieron las dos al unísono. Cordelia colocó en las manos del cochero, una pequeña alforja llena hasta la mitad de dinero. El cochero al sopesar el peso le dijo apresuradamente. —Señorita, disculpe, sea lo que sea que se haya dentro de la alforja, es demasiado para una propina— le dijo un poco apenado. Cordelia con una sonrisa le dijo. — ¡No para nada, señor Brown! Es lo justo, usted

