Universidad central de Polk. Facultad de literatura. 1997. —Buenos días alumnos —el profesor se acercó hasta su escritorio para dejar su maletín y dirigirse al centro del aula y así poder captar la atención de todos. Al percatarse de él todos los estudiantes se mantuvieron en silencio. —¿Ansiosos por saber sus notas del examen? Apuesto a que sí. —No nos tenga en suspenso profesor —dijo una alumna y todos asintieron. —Es malo para nuestros jóvenes corazones. —Lo que es malo para sus corazones es malo para mis ojos —respondió el profesor dando media vuelta para ir nuevamente a su maletín y sacar una lista donde tenía anotadas las calificaciones. —Leer respuestas sin profundidad en un examen tan sencillo es lo que me causa fastidio, pero he de decir que no a todos les fue mal —levantó la

