CAPÍTULO VEINTIDÓS Mackenzie escuchó el sonido de la ducha cuando entró al apartamento. También vio la bolsa del gimnasio de Ellington junto a la entrada, lo que quería decir que acababa de llegar de un entrenamiento. Le complacía ver que todavía se mantenía activo en vez de estar tirado en el apartamento, lamentándose de su mala suerte. Le dejó disfrutar de la ducha sin molestarle. Mientras esperaba, entró al dormitorio y encendió el portátil. Había enviado los archivos del caso desde su teléfono a sus carpetas personales en el directorio del FBI. Las abrió, revisándolas en busca de cualquier cosa que se le hubiera podido pasar por alto. Cada uno de los casos—Malory Thomas, Kenny Skinner, y Maureen Hanks—había sido revisado por completo. Lo único que seguía llamándole la atención era el

