CAPÍTULO TREINTA Todo resultaba casi predecible, en opinión de Mackenzie. Se había reunido con McGrath durante menos de cinco minutos. Le entregó todos los informes, que a su vez él pasaría a Harrison y Yardley. La regañó un poco por haber estado tan dispuesta a acoger a Ellington y después le dio las gracias por su buen trabajo y por quitarle al director Wilmoth de encima. Después de eso, le dejó que se marchara. Casi se fue a buscar a Harrison, para desearle buena suerte y ponerle al día, pero decidió no hacerlo. Quería que se hiciera con el caso y que lo llevara como si fuera suyo. Si entraba a su oficina y repasaba todo con él, daría la impresión de que le estaba pasando sus sobras. Mackenzie sabía que Harrison necesitaba crecer en su rol, así que le dejó en paz. Se puso en camino ha

