NARRA LYA
—Cariño, no llores. Lo cegó la rabia, Daniela era su ex, abortó a su hijo y le informó a él cuando Jared la pilló acostándose con otro identificado Ginger, acariciando mi cabello mientras lloraba desconsoladamente en sus brazos.
Hacía dos horas que Jared había huido llorando y asustado de la casa, y estaba preocupada por él.
Supe que estaba cegado cuando nombró a Daniela y sus ojos estaban negros y dilatados.
No quiero que pase nada malo, sollocé en su pecho. Ella me había vendado las muñecas ya que se habían formado morados. Mi cuello tenía marcas de manos, así que me echó crema antiinflamatoria y otra para que no saliera el hematoma.
—Lo sé. Él os quiere mucho, me lo dice, qué sois lo mejor que podría haberle dado la calle —me dijo Ginger con cariño.
—Yo también lo quiero —susurré pero ella no lo escuchó. Pasaron minutos en silencio y Ginger me movió.
—Querida, yo tengo que ir. Si quieres ve y descansar, mañana vendré a cuidar a Molly, o si quieres que me lleven la preocupación sonriéndome. Me levanté y ella me imitó.
No, gracias Ginger. Molly dormirá conmigo —le dije tocando mis muñecas suavemente, ella me sonrió.
No le des más vueltas, él no quería hacerlo. Lo noté cuando vi su cara horrorizada y asustada —me dijo abrazándome. Asentí y se fue sonriendo.
Cerré la puerta y fui al baño. Me miré el cuello y ya no se notaba el inflamado pero los hematomas seguían. Mis muñecas dolían a pesar de que me eché una crema. Él no quería hacerlo solo ... lo cegó la rabia.
Miré la hora: 01:00 a.m. Me fui a acostar y abracé a Molly que había llorado desde que oyó la puerta cerrarse, minutos después se durmió y yo también.
(...)
Abrí los ojos lentamente y me levanté con dificultad. Miré la hora y eran las diez de la mañana, me conocí al baño y me duché entera. Lavé mi cuerpo con gel de vainilla y mi cabello con champú con olor a frutas del bosque.
Salí de la ducha con una toalla alrededor de mi cabello y cuerpo. Suspire al no ver a Jared por ningún lado.
Abrí el armario y puse la calefacción. Quité mi toalla y me puse ropa interior negra. Cogí unas leggins negras, un suéter de lana verde y blanco de rayas, unas botas tipo zapatillas en la suela, una pulsera de fantasía y una chaqueta fina. Puse un gorro en mi cabeza color vino de lana y dejé mis rizos salir.
—Mi amor despierta, vamos —le dije al oído a Molly. Esta se removió y alzó sus bracitos a mí, que la cogí inmediato. Le puse un jeans azul, un suéter rosa, unas botitas marrones y su gorro blanco, junto a sus guantes blancos y su abrigo. Cargué el biberón lleno de leche y se lo di enseguida, la monté en el carrito y miré la hora: 10:45 AM.
Salí por la puerta de casa, y me subí al ascensor. Me encontré con la señora Rochester.
—Buenos días querida —me dijo sonriéndole a mi pequeña, —Que niña más bonita —sonreí.
—Gracias, soy Lya —me presenté, ella asintió.
— ¿Donde está Jared? —preguntó la anciana.
—Discutimos —le dije simple, ella chasqueó la lengua y negó.
—Mi John y yo discutíamos mucho pero nunca dejemos de amarnos, al revés, nos hacíamos más fuertes y nunca me fue infiel, al igual que yo a él —me contó la señora Rochester. Asentí sonriendo, y salí con mi hija del elevador. Arropé con las mantitas del carrito a mi hija y yo até mi chaqueta, hacía frío.
Empecé a andar viendo a la gente pasear y a niños jugar con la nieve, eran adorables. Llegué a Starbucks y le sonreí a Molly. Me senté en una mesa y cogí a Molly. La puse en mi regazo y ella rió.
—Buenos días, señorita. ¿Que desean pedir? —oímos una voz aguda, me volteé y había una chica joven de unos dieciséis años.
—Hola, quiero un cappuccino —le dije, ella asintió.
— ¿Algo más? —preguntó.
—No, gracias, y... sin prisas —le dije riendo, asintió y salió corriendo a buscar mi pedido.
—Vaya, vaya, vaya...—oí otra voz aguda conocida, me volteé para ver a la chica que habló con Jared la última vez que venimos.
—Hola —saludé cortes.
— ¿Hola? ¿Buscabas a Jared? —Preguntó, asentí confusa y ella saco su móvil, —Resulta que a noche, bien tarde me llamó Jared para pedirme permiso para venir a mi casa, yo estaba en ropa interior y cachonda —rió, —Bueno, acepté y al poco, vino. Le abrí y se tiró a mis labios, lo hicimos en todos sitios, la cama, la cocina, el sofá... uf. ¡Vaya tío en la cama, es genial! —Gritó riendo. — Si quieres una prueba, ahí la tienes —me tendió el móvil donde habían fotos y un vídeo.
Abrí las fotos, Jared y ella besándose, desnudos, follando, riendo y más. Mis ojos se aguaron y abrí el video. Ella estaba a horcajadas de él mientras gemían y él la embestía rápido gritando su nombre. Una lágrima rodó por mi mejilla.
—Jared vendrá a mí, siempre —me dijo riendo, le tendí el móvil, —Adiós niñata —me dijo yéndose fuera del local. Miré a la camarera que venía con mi cappuccino nerviosa y saqué el bolso. Cogí dinero suficiente y propina.
—Aquí tiene señorita —me tendió el café, asentí y le di el dinero.
—Es mucho —murmuró.
—Para ti, no necesito nada —le dije con un hilito de voz. Ella asintió y tomé mi cappuccino.
Las imágenes de Melanie y Jared besándose y gimiendo juntos, me daban ganas de llorar, y lo estaba haciendo. Me levanté y puse a Molly en su carrito.
— Lya —oí decir a Melanie, me volteé, —Mira esto —me tendió el móvil de nuevo, lo cogí y abrí la foto, eran Jared y otra chica, y un mensaje que decía "¿te apuntas, preciosa?" Era de anoche el mensaje.
Asentí y sollocé, miré de nuevo el vídeo y negué lentamente. Oí la campanita de la cafetería y le devolví su móvil.
— ¡Oh Jared! Justo de ti estábamos hablando, ¿a qué si, Lya? —preguntó Melanie. Miré a Jared que estaba petrificado en la puerta.
—Yo… ya me iba —le dije susurrando casi, Jared me miró y frunció el ceño. Arropé a Molly más y subí su capota del carrito. Salí de Starbucks y empecé a andar. No podía dejar de llorar y las imágenes no se iban de mi cabeza.
—Molly, ¿por qué todo es tan difícil? —pregunté mirándola, ella tocaba los peluches de su carrito. Paré en un parque donde había nieve y bajé a Molly. Cogí mi móvil y llame a Elena.
— ¿Si?
—Elena, soy Lya. ¿Me podría quedar en tu casa a vivir unos días? —pregunté.
—Si claro, pero ¿por qué? —rompí a llorar.
— ¿Lya? ¿Qué pasó? Tranquila —me dijo desde la otra línea.
—Ven a recogernos a mí y a Molly a las seis de la tarde, por favor —le dije colgando.
Cogí a Molly quien tenía un copito de nieve en su mano y la arropé en el carrito. Caminé hasta el apartamento de Jared y abrí la puerta, se oían gemidos. Dejé a Molly en la puerta y entré un poco, me asomé a la habitación donde dormía Molly y...
¡MELANIE Y JARED TENIENDO SEXO!
Entré a la otra habitación en silencio y cogí todas mis cosas, junto ropa y cosas de Molly. En la que dormía Molly solo había la cuna y algún peluche pero nada más.
Lo metí todo en un bolso y lo alcé.
— ¿Lya? —oí la voz de Elena, ella me vio y después escuchó los gemidos.
—Necesito irme —le dije saliendo del cuarto. Ella se quedó pensando y sollocé. Metí el bolso en el carrito de Molly y tomé a mi pequeña en brazos.
— ¡Eres un cabrón de mierda! —Gritó la voz de Elena, — ¡Tú, vete ahora mismo de aquí, destruiste una familia, maldita! —gritó de nuevo Elena, después vi a Melanie salir del cuarto con una sonrisa triunfante y medio desnuda, detrás de ella iba Elena furiosa. Me miró y me mando una mirada de disculpa.
— ¡Cómo te vea aquí te quedas sin cabeza! —Gritó a la puerta, oímos su risa y Elena se volteó al cuarto otra vez, — ¡Eres un cabrón!—gritó Elena.
— ¿Que dices? ¿Destruyó una familia, enserio? —preguntó Jared.
—Si, Molly, Lya y tu —sentenció Elena con frialdad.
—Ellas no son mi familia. Dañé a Lya y me arrepentí. Me tiré a Melanie y disfruté mucho, me da lo que Lya no —dijo Jared, Elena salió del cuarto.
— ¿No qué querías a Lya? —preguntó desde mi lado, yo tapaba mi boca para no sollozar, pero lloraba en silencio.
Jared palideció al verme y trató de hablar, pero ya era tarde.