Capítulo 10

794 Palabras
Me levanté de golpe al escuchar el llanto de Molly. Miré la cama y yo di cuenta que no estaban ni Molly, ni Lya. Fui al salón y allí lloraba Molly sola. La cogí en brazos y dejé un beso en su frente. —Ya está pequeña, venga, mamá estará por aquí —le dije calmándola un poco. Dejó de llorar y comenzó a jugar con la cadena que un día me dio Elena. - ¿Lya? —Grité. —Estoy a-aquí —la oí decir desde el baño con voz rasposa, se notaba que estaba llorando. Dejé a Molly en la cuna con sus juguetes y fui al baño. La encontré encogida en el suelo y llorando. Me agaché y quité los brazos de su cara. Sus ojos estaban hinchados y un poco llorosos. —Ey ... ¿Qué ha pasado? ¿Por qué lloras? —Le pregunté buscándole algún daño. —Sí, estoy bien llorando limpiándose las lágrimas. Se iba a levantar pero la senté de nuevo. No estás bien y lo sabes, Lya —le dije serio, —Cuéntame que ha pasado —le dije, ella negó y se sintió rápidamente. Suspiré y pasé mi mano frustrado por la cara. Bien, no me digas que pasa. Fui a la habitación y cogí en brazos a Molly quien era bastante fuerte. La llevé cómo si necesita un avión y una Lya hablar con alguien en la puerta. - ¿Elena, que haces aquí? —Preguntó la voz de Lya. —Venía a veros —respondió mi hermana pasando, entrando y le hizo morritos a Molly desde el marco de la entrada. —Elena, debo hablar contigo identificados Lya con seriedad. —Se lo cuentas a ella ya mí no —dije enfadado. Cogí una playera limpia, un gorro blanco, unos jeans, mis tenis y mi cazadora. Salí con Molly en brazos y la abracé del frío, aunque había puesto un abrigo rosa junto a un gorrito, y sus guantes blancos. Estaba nevando, estábamos en Navidad, llegando a Nochevieja. Caminé con Molly en brazos hasta el parque, donde siempre nieva, para los bebés. Me senté en el suelo, donde había nieve, y cogí un puñado en la mano. Manché la nariz de Molly con nieve y reí. —Hola guapo ¡que bebé más linda! —oí una voz de chica. Miré arriba y había una chica con falda corta, un top verde y unos tacones negros. ¿Es que no tenía frío? —Hola —dije con frialdad. No quería saber nada de chicas, sólo una me tenía loco. — ¿Es tu hija? ¿Y su madre? —preguntó alargando el brazo. Alejé a Molly y ella río graciosa. —Si es mi hija, su madre ahora viene, o sea mi esposa —le dije haciendo énfasis en el ultimo MI, ella hizo una mueca. — ¿Por qué no dejas a tu bebé con su mami y a mí me das a mí de comer? —me preguntó subiendo su falda, dios que asco. —Lárgate —le dije con asco. Ella se fue indignada y seguí jugando con Molly. —Tú eres la única que me entiende, pequeña —le susurré besando su mano con el guante. Ella estiró sus bracitos hacia mí y la abracé con cuidado. —Da da —balbuceó riendo, cogió nieve en su manito y me la lanzó. — ¡Oye! ¿Me diste en el ojo, pequeña traviesa? —ella sonrió y negué divertido. Cogí una bola y se la lancé suavemente a su barriguita. Ella rió y dirigió su mirada a alguien detrás de mí. —Ella te adora —oí decir esa dulce voz detrás. Me volteé para ver a Lya con un vestido navideño, corto y ajustado con unas botas marrones y unas medias negras. Su pelo estaba recogido en una coleta y llevaba un abrigo de cuero marrón. —Es mi pequeña aunque no sea mi… hija —le dije mirando a Molly. Lya se sentó a nuestro lado y me cogió la mano, no la aparté, al contrario, aproveché y tiré de Lya más cerca. Ella quedó pegada a mí y sonrojada. —Mami —oímos decir una voz pequeña. Nos giramos y vimos a una nena de cuatro años con su madre no muy lejos. —Mi amor, papi estará desde el cielo viéndote, él te ama —le dijo su madre que era de unos treinta años, la pequeña asintió abrazándola y se fueron. — ¿Te acuerdas de algo de anoche?— pregunté, ella pensó un momento y asintió, — ¿De qué? —añadí. —Fuimos al bar, bebimos, bailemos y... ¡Oh Dios! —gritó tapándose la cara. —Me besaste salvajemente, besas de muerte preciosa —le dije dándole un beso en su sien. Ella se sonrojó y tapó su cara. —Estuvo bien —susurró, asentí y puse mis manos en su cintura. Ella sonrió y la oí murmurar algo que escuché, —Ojalá tú fueses su padre —la escuché, sonreí y besé su cuello dejando un pequeño beso. Nos levantamos, ella llevó a Molly en brazos mientras yo sostenía a Lya por la cintura y nuestras manos iban entrelazadas. Sonreí al pensar en un bebé con ojos azules y cabello moreno corriendo por el apartamento, llamándome papi.
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