EL PRECIO DEL PODER

1482 Palabras
Aria sostuvo a Isadora en sus brazos, sintiendo cómo la magia celestial se escapaba de la ángel caída como luz que se desvanecía. Era como sostener a alguien que se estaba disolviendo lentamente en el aire. —¿Cuánto tiempo? —preguntó Aria, aunque no estaba segura de realmente querer conocer la respuesta. —Seis horas —respondió Isadora, su voz apenas un susurro—. Tal vez siete si soy afortunada. El veneno de Rodrigo es específico. Está diseñado para consumir magia celestial desde adentro. Poco a poco, seré menos que espíritu, más que nada. Cayel se arrodilló junto a ellas. Su mano encontró la de Isadora. —Hay una manera de salvarla —dijo Cayel, aunque no sonaba como si creyera completamente en sus propias palabras—. En el Abismo, hay pociones antiguas. Antídotos creados específicamente para venenos demoníacos. Si pudiéramos llegar al reino de mi hermano... —Tu hermano trabaja para Elena —interrumpió Isadora con una sonrisa amarga—. Darío nunca nos ayudará. —Entonces hay otra manera —respondió Aria, y su voz resonó con determinación—. Mi madre. Elena Celestina sería capaz de contrarrestar el veneno. La magia celestial podría neutralizar la magia demoniaca. —Tu madre está cautiva —señaló Isadora—. Y la única puerta a Mont de l'Ombre está cerrada. Cerrada desde el lado celestial. No hay forma de abrirla sin la cooperación de alguien del otro lado. Aria cerró los ojos. Podía sentir el poder de Puente dentro de ella, latiendo como un segundo corazón. Era antiguo. Era vasto. Era como si el universo mismo estuviera esperando que lo dirigiera. Pero también era inestable. Aria podía sentir las grietas en su control. Era como si hubiera destapado un pozo infinito de poder sin realmente entender cómo usarlo. —Hay otra opción —dijo Aria lentamente—. Podría usar mi poder como Puente para crear mi propia puerta. No una que vaya a Mont de l'Ombre, sino una que vaya directamente a donde está mi madre. —Eso es s*****a —respondió Cayel—. Crear un portal entre dimensiones requiere una cantidad de poder que... —Que aparentemente tengo —interrumpió Aria—. Acabo de enfrentar a Elena Nocturna y la derroté. Puedo hacer esto. —No es lo mismo —insistió Cayel—. Elena fue cauta. No usó toda su fuerza porque sabía que si lo hacía, atraería la atención de fuerzas aún mayores. Pero si abres un portal entre dimensiones, si simplemente te manifiestas en el territorio celestial... Aria, eso será una declaración de guerra. Aria miró a Isadora. Los ojos de la ángel caída se estaban nublando. La luz celestial que solía rodearla se estaba apagando lentamente. —¿Puedo esperar? —preguntó Aria—. ¿Hay algo de tiempo para encontrar otra solución? —No —respondió Isadora—. Seis horas es generoso. Pero Aria, hay algo que necesitas saber. Algo que tu madre probablemente iba a decirte cuando llegaras a Mont de l'Ombre. Isadora tomó la mano de Aria. Su agarre era débil, pero firme. —Tu poder como Puente no está simplemente para crear paz —continuó Isadora—. Fue creado específicamente para una cosa: para unificar los tres reinos bajo un gobierno. Para convertirte en reina de todo. Tu madre y tu padre no eran amantes casuales. Eran arquitectos. Y tú eres su obra maestra. —¿Reina? —preguntó Aria, sin poder creer lo que estaba escuchando—. Yo no quiero ser reina. Yo no quiero gobernar nada. —Lo sé —respondió Isadora—. Pero Elena Nocturna quiere exactamente eso. Quiere que te conviertas en reina. Y luego quiere destruirte desde adentro. Porque una reina que se creyó hecha por demonio y ángel, una reina que está dividida entre dos mundo... podría ser la herramienta perfecta para romper el Pacto desde adentro. Cayel se puso de pie abruptamente. —Ella está usando a Aria —dijo, su voz llena de rabia—. Elena ha estado usando todo esto. El plan original, traer a Aria a su lado, hacerla una Señora del Abismo... No era la meta. La meta era convertirla en reina. Y luego convertirla en una arma. —Exactamente —confirmó Isadora—. Y ahora que Aria sabe que es poderosa, ahora que ha accedido a su verdadero poder, Elena va a acelerar su plan. Porque Aria ya no es una aprendiz. Es una amenaza. O será su aliada más poderosa. Aria se sintió como si estuviera cayendo. Todo lo que había descubierto en el último día parecía ser capas de mentiras dentro de capas de verdad dentro de capas de planes. No sabía en quién confiar. No sabía qué era real. Lo único que sabía era que Isadora se estaba muriendo. Y que alguien tenía que hacer algo. Aria se levantó. Extendió sus manos. Y comenzó a canalizar poder. No fue gradualmente. Fue como romper un dique. La magia fluyó a través de ella, celestial y demoniaca, luz y oscuridad, equilibradas perfectamente. El aire alrededor de ella comenzó a brillar con vetas de oro y plata. —¿Qué estás haciendo? —preguntó Cayel, pero parecía saber la respuesta. —Haciendo una puerta —respondió Aria—. Abriéndome paso a través de las dimensiones. Directamente a donde está mi madre. Directamente a donde puedo obtener ayuda. —Aria, espera —pidió Cayel, tomando su brazo—. Si haces esto, todo cambiará. La Orden sabrá que existimos. La Reina Seraphina sabrá que te has accedido a tu poder. Darío y el Abismo lo sabrán. Rodrigo lo sabrá. Todo se acelerará. —Isadora se está muriendo —respondió Aria—. Tenemos que intentarlo. La puerta comenzó a formarse en el aire. No como las puertas que Elena había creado, que eran limpias y controladas. Esta era violenta. Salvaje. Era como si el tejido de la realidad estuviera siendo desgarrado por manos inexpertas. El aire olía a quemado. Las montañas temblaban. Y a través de la g****a, Aria pudo ver: Un reino celestial. Nubes brillantes. Templos de luz pura. Y en el centro, una habitación de piedra donde Elena Celestina estaba encadenada. —Voy a entrar —dijo Aria. Pero en ese momento, la voz de Rodrigo resonó a través de la dimensión. "Aria, si cruzas esa puerta, no hay vuelta atrás." Su padre materializó a través de la puerta. No completamente. Era una proyección, un fantasma de magia demoniaca. Pero su presencia era inegable. —¿Qué quieres? —preguntó Aria. —Quiero advertirte —respondió Rodrigo—. Si entras en el Reino Celestial, la Reina Seraphina te recibirá no como hija, sino como invasora. Te intentará capturar. O te intentará convertir en su herramienta, así como Elena quiere hacerlo. —¿Y si no entro? —preguntó Aria—. ¿Si dejo que Isadora muera? —Entonces la Orden de la Luz tendrá que reemplazarla —respondió Rodrigo—. Y eventualmente, vendrás a mí. Porque serás la única que queda. La única que puede entender el dolor de estar solo entre mundos. Cayel se interpuso entre Aria y la proyección de Rodrigo. —No irá a ti —dijo Cayel—. Aria no es una peón en tu juego. Es su propia persona. —¿Sí? —preguntó Rodrigo, sonriendo—. Entonces, pequeño príncipe exiliado, ¿por qué no le haces una pregunta? Pregúntale si realmente quiere salvarte. Pregúntale si está lista a sacrificar todo lo que es por mantener vivo a un demonio que apenas conoce. Aria sintió la pregunta golpearla como un puño. ¿Lo haría? ¿Sacrificaría realmente todo por Cayel? Miró a Cayel. Sus ojos ámbar esperaban, asustados, esperanzados, vulnerables. Y Aria supo la respuesta. —Sí —dijo—. Sacrificaría todo. Porque es lo correcto. Y porque... —se detuvo, buscando las palabras correctas—. Porque cuando te veo, cuando te siento a través de nuestra conexión, siento que finalmente he encontrado algo que vale la pena salvar. Rodrigo rió. —Amor —dijo—. Siempre es amor. Es tan predecible. Tan débil. Pero que así sea. Entra en el Reino Celestial, hija mía. Cumple tu misión de salvación. Pero recuerda: cuando todo se derrumbe, cuando descubras que incluso el amor no es suficiente para salvar a todos los que amas... vendré por ti. La proyección de Rodrigo desapareció. Aria respiró profundamente. Luego se giró hacia Cayel. —Cuida a Isadora —ordenó—. Mantente con vida. No importa lo que suceda, no importa si despierto a todas las fuerzas del universo, mantente vivo. ¿Entendido? Cayel asintió, incapaz de hablar. Aria se giró hacia la puerta abierta entre mundos. El Reino Celestial brillaba del otro lado, esperando. Y luego, antes de que pudiera cambiar de opinión, Aria saltó a través.
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