Mi grave error... Después de ese fin de semana tan especial al lado de Ignacio, sería un solo día pero decidimos alargarlo hasta la madrugada del lunes, nos separamos para ir a nuestras casas a cambiarnos y por nuestros libros. Llegaríamos totalmente perdidos a clase pero bien que había valido la pena porque habíamos pasado el primer domingo en completa desnudez. Sentir su tibia piel cubriendo la mía y ser testigo de la chorrera de erecciones que tuvo durante el día hizo muy divertida la experiencia. Nos cubrimos con una sábana y allí entre besos, abrazos, champagne y pasabocas hablamos de nuestros deseos para cuando seamos viejitos. Él quiere tener cuatro hijos, yo apenas y concibo la idea de tener uno solo, él desea viajar en cruceros hasta que sus ojos no se abran más, yo deseo u

