Sus piernas son de gelatina y su pecho el de un caballo, siente las mejillas acaloradas y un sentimiento inexplicable en su estómago, abre la puerta dejándose caer sobre el mármol, no sabe de dónde saco tanta fuerza para hablarle tanta normalidad. Empieza a calmarse y después de los nervios viene el rencor, es un idiota, como pudo dirigirse de esa manera hacia los mellizos. —¿Estás bien? —ella asiente y John la ayuda a levantarse. John ladea el rostro en dirección a la habitación de los mellizos y Jun suspira. —Danos unos minutos, quieres. John abandona el lugar dejando la habitación desolada. El golpear de la puerta hace que los dos niños se incorporen en la cama viendo a su madre. —No quiero hablar de esto —es lo primero que dice Jeremy —Queremos ir a casa. Jun nunca se arr

