El pánico se instaló en Arista al escuchar la orden. ¿Qué? Como pudo entrecerró los ojos tratando de verlo mejor, pero el semblante del rey Fell era todo un poema. ¿Podría salvarse de esto? ¿Debía ella intervenir? -R-rey Karim…- ella alzo su mano hacia el con la intención de llamarlo -yo…-pero pronto otra voz interrumpió la suya -Claro, mi rey- fue la respuesta Noto como el muchacho de túnica oscura metio su mano dentro y retiro de ella una daga, esta tan filosa como solo las mismas palabras pueden serlo. La orden había sido una ley para él. Con su cabeza gacha era imposible verle la mirada. Pero por lo decisivo de sus movimientos se noto que no había duda en él. -Karim… -rogo otra vez ella– esto no es necesario. Yo… Pero no había piedad en el rostro del rey. Había odio. Una mir

