4. Se busca asistente.

1769 Palabras
El ruido de su alarma a las 7 a.m lo despertó. Sin intenciones de perder tiempo, saltó de la cama y se dirigió hacia el baño. Allí se tomó una refrescante ducha fría, mientras se afeitaba la pequeña barba creciente que comenzaba a asomarse en su bozo. Lavó sus dientes, peinó su cabello y salió hacia su cuarto nuevamente. Allí abrió su gran guardarropas, sacando el traje que había comprado con el adelanto de su pago, que eligió especificamente para esta ocasión. Una vez vestido, se dió una última mirada al espejo y salió dirigido hacia la cocina. Su compañero de apartamento se encontraba distraído haciendo el desayuno. Cuando le vió, levantó sus cejas con sorpresa.  -No pensé que estuvieras despierto tan temprano. -Es porque hoy es una excepción.-Dijo el moreno mientras abría la nevera. -¿Nueva entrevista de trabajo?  -Así es. -¿En dónde es ahora?-Preguntó su amigo curioso, mientras revolvía los huevos en la sartén.  Sebastian dudó unos segundos si admitir a donde se dirigía o no. Terminó decidiendo confesarlo.  -En la Mendez Tower.-Dijo mientras cerraba la nevera y sin hacer contacto visual con su compañero. Aunque no lo veía, sabía que se había detenido en sus acciones, mirándole en silencio. Hasta que Sebastian no se dió vuelta para mirar sus expresiones, este no dijo palabra alguna.  -¿Es una broma?.-Rió.-¿Qué ocurrió con todo eso de que jamás la aceptarías como tu jefa? Dudó nuevamente si admitirle cual era la verdadera razón por la que lo hacía. Prefirió no decirle nada a su amigo, debido a que no era realmente algo muy moral de su parte. A pesar de que no le afectase, sabía que no era del todo bien visto.  -Qué te digo.-Hizo una mueca, levantando sus hombros.-Es una oportunidad que no tengo por qué perder.  -Me parece más que bien ese pensamiento. ¿A qué hora tienes la entrevista?  -Bueno, supuestamente-miró su reloj- a las nueve en punto nos necesitan a todos los aspirantes allá. -Te deseo mucha suerte, espero consigas el trabajo. He oído que se gana muy bien en esa empresa. Sebastian le sonrió mientras comenzaba a ingerir su cereal.  -Gracias, hermano. -Yo me iré con Jessica a caminar un rato, te dejaré las llaves sobre la repisa. Recuerda no irte sin antes dejarle algo de comida a Donna, por si acaso.  Sebastian asintió, y luego de unos minutos saludó a su amigo que salió por la puerta. Miró su reloj, 8:20 a.m . "Será mejor que vaya saliendo ahora, para evitar todo tráfico luego" pensó. Buscó sus cosas, tomó sus llaves y salió dirigido a buscar su motocicleta en el garage del edificio. Una vez que subió a esta, tomó rumbo en la autopista camino a su entrevista. El tránsito se había encontrado bastante congestionado esa mañana, por lo que había sido una buena decisión salir temprano. Terminó llegando al edificio apenas un par de minutos antes de las nueve. Entró por las grandes puertas de cristal y rendija dorada, con las iniciales de RM estampadas en ellas con mucho brillo. Se dirigió hacia la recepcionista, para preguntarle en qué piso estaban las entrevistas. Su cara de sorpresa fue inevitable al darse cuenta de quién era aquella que se encontraba trabajando en recepción. -Qué sorpresa verte, Lindsay.-Dijo intentando parecer amistoso, pero la mirada asesina de ella no ayudaba mucho.  -¿Ahora sí te sabes mi nombre, idiota? -Escucha, lo siento. Sé que me comporte muy mal aquella vez, y por eso creo que debo retribuirte saliendo a cenar. ¿Qué te parece? Siento que debemos de conocernos mejor. Ella rodó sus ojos, aún más molesta.  -¿A qué has venido realmente aquí?  -Pues, venía a las entrevistas de trabajo por el puesto de asistente. Ella levantó sus cejas con sorpresa y luego señaló el ascensor.  -Por allí, al final del pasillo toma el ascensor.-Hizo un ademán con su mano.-Último piso. Suerte con eso.-Soltó en tono burlón  -¿Por qué lo dices? -Ya lo averiguarás.-Dijo mientras una sonrisa maliciosa se formaba en su rostro.  Sin ánimos de perder tiempo que no tenía agradeció y luego se dirigió al ascensor, apretando el botón en el último piso. Una vez las puertas metálicas se abrieron en su destino, unos cuantos ojos se posaron en él. Sebastian por su parte, también se encontraba confundido ante la escena. En cuestión, se encontraba una hilera de hombres de traje en medio de la sala. Uno a un lado del otro. También se encontraba la famosa Rita de pie frente a ellos y a su lado, su co-asistente Patrick.-Llegas tarde.-Exclama ella clavando su mirada en Sebastian. Él mira su reloj algo confundido. -Pero apenas son las nueve. Ella se acercó, intimidante, a su rostro. -Si eres mi asistente, y yo te solicito a una hora específica, debes de llegar diez minutos antes siempre. Ante cualquier inconveniente, siempre es mejor tenerte temprano. -Pero... -¿Entendido?.-Interrumpió la rubia mientras levantó sus cejas, casi de manera amenazante. En contra de sus principios Sebastian bajó su cabeza y asintió de manera sumisa mientras soltaba el aire contenido en sus pulmones. -Entendido. Ella sonrió, de manera falsamente enternecida mientras acariciaba su mejilla. Luego, siguió hablando. -Bueno, como ya saben, están aquí porque estoy en la búsqueda de un nuevo asistente de trabajo. Esto, significa que serán mi mano derecha tanto de día como de noche. Ustedes serán aquellos que me acompañen a viajes y reuniones, me serán de ayuda en tareas que no puedo completar sola debido a las pocas horas del día. Y claro, serán mi representación cuando yo no pueda asistir personalmente a ciertos eventos por razones de fuerza mayor. Se que esta empresa está ultimamente en boca de todos al igual que yo. Bien o mal, nos está yendo mejor de lo que esperamos. Y es por eso que, al estar ustedes representando MI persona y por lo tanto MI empresa, debo saber que les puedo confiar absolutamente cualquier situación y/o problema, con la certeza de que podrán con ello. Todos oían atentamente sus palabras mientras ella caminaba de un lado a otro observando los distintos rostros de los pasantes. Los analizaba con detenimiento, con atención, mientras estos se mantenían erguidos sin expresión como si de estatuas se trataran.  Tocó el hombro de uno de ellos y le hizo un ademán con su cabeza. -Acompáñame a mi oficina. Aquel muchacho siguió los pasos de la rubia mientras detrás de él viajaban todas las curiosas miradas. Pronto desaparecieron detrás de las grandes puertas de madera que dividían la oficina personal de Rita. Unos cuántos minutos pasaron y esas mismas puertas vuelven a abrirse, con aquel muchacho saliendo primero y dirigiéndose directamente a la salida por el ascensor. Rita, como si nada, volvía a observar con detenimiento quién sería el próximo entrevistado. Pasó hasta llegar a Sebastián, donde le quedó observando un buen rato dubitativa. Éste intentó sonreír, con el fin de generarle simpatía. Ella acarició su rostro, observándole algo nostálgica. -Tú...tienes algo... Sebastian sonrió con su mejores atributos de seductor, bajando su cabeza levemente mientras se ruborizaba un poco. -¿Yo? ¿Que cosa? Ella se quedó pensativa un momento, analizando su rostro. -Tienes toda la pinta de que podrías arruinarme la psiquis y por consiguiente, dejarme loca. El moreno rió levemente ante el comentario de la empresaria. -¿Y eso es bueno o malo? -Bueno.-Mencionó ella mientras le arreglaba el cuello de su camisa.-Si es que acaso buscara una aventura de una noche, pero no me servirías como asistente. Puedes irte. Ella le palmeó el hombro, dejándole atónito ante sus filosas palabras. Mientras él aún procesaba la situación, ella volvió a intentar elegir a alguien. -¿Qué? Pero siquiera me has entrevistado. -Tú, ven conmigo.-Dijo ella ignorando totalmente la presencia de él allí.  Escogió a otro chico y se adentró nuevamente en su oficina. Sebastian intentó seguirla pero aquél hombre que le acompañaba lo frenó suavemente. -Será mejor que no la hagas enojar.-Sonrió levemente mientras le acomodaba el traje meticulosamente.-No ha tenido los mejores días. Sin responder nada al respecto se quedó esperando a que ella saliera nuevamente por las puertas. Pasaron nuevamente unos minutos, y salió. Tal como el anterior, aquél muchacho salió dirigido hacia el ascensor sin siquiera detenerse a mirar. Ella nuevamente se dispuso a elegir a alguien. Ya sólo quedaban tres personas, incluidas Sebastian. Como si no se diera cuenta de su presencia, siquiera se giró a mirarle cuando eligió al muchacho que se encontraba a su lado. De todas formas, mantenía una divertida media sonrisa plasmada en su rostro, como si disfrutara de ello. Él detestaba su actitud, y estaba seguro que era peor de lo que los rumores decían. Ella sabía bien lo que provocaba y lo utilizaba completamente a su favor. Unos cuantos minutos más pasaron y Sebastian, quedando sólo con un aspirante más a su lado, perdió la paciencia ante los juegos de la rubia. Enojado, se adentró en su oficina abriendo las imponentes puertas de madera oscura. Ella se encontraba sentada detrás de su escritorio y aquel chico al que había llamado sentado frente a ella. Ambos le observaron en silencio ante la abrupta interrumpción. Con toda la pasividad del mundo, ella bajó levemente sus lentes de lectura para observar al ojiverde. -Disculpa, ¿Solicitas algo? -No puedes simplemente descartarme sin haberme entrevistado. -Oh, si puedo.-Sonrió ella.-De hecho, ya lo hice. -¡Eso no está bien!-Se quejó el moreno. -Yo decido lo que está bien y mal para mi empresa. ¿Qué buscas metiéndote a mi oficina? -Quiero que me des la oportunidad de darme a conocer y demostrarte que soy lo que buscas. Ella soltó un suspiro cansino mientras se quitaba los lentes y dejaba los papeles que poseía en sus manos a un costado de su escritorio. Luego, miró al chico que había entrado antes que Sebastian.  -¿Podrías darnos un minuto, por favor? Aquel muchacho asintió en silencio y dejó la oficina cerrando las puertas detrás de él. Ella le señaló con su mano el asiento ahora libre. -Siéntete libre de sentarte, si asi lo quieres. Sebastián tomó asiento frente a ella, en silencio. Estaba molesto, sobre todo, con esa actitud pasivo-agresiva que ella mantenía casi en todo momento. Estaba haciendo un esfuerzo muy grande para no abandonar el edificio en ese mismo momento. Ella cruzó sus manos mientras apoyaba sus codos en el escritorio, inclinándose levemente hacia adelante con atención. Luego, sonrió de manera falsa. -Bien. Aquí tienes tu oportunidad. Dime quién eres y por qué piensas que eres apto para este trabajo.
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