—¡Michael, detente! Corría de manera acelerada para atraparlo. Sabía que si no podía convencerlo, iría con el chisme seguramente a su secretaria, y esto se esparciría como la pólvora. Terminé entrando a su oficina con él, donde cerré la puerta. Nuestra mirada se sostenía, pero él la desvió, sonriendo de manera jocosa. —Te aseguro que no presencié el momento en el que estabas a punto de tener sexo con tu exmarido, con quien tienes una conexión increíble. —No iba a pasar eso. —Lo apuntaba. —¿En serio no? Entonces dime qué iba a pasar. —Estaba planeando distanciarme. —Hmm… —murmuraba mientras entornaba la mirada—. Dorothea, si deseas abandonar el rencor que le albergas y reencontrarte con él, creo que te iría mejor. Tienes el derecho de brindarle una oportunidad. Ahora, tras seis años,

