Mientras me encontraba en mi despacho, repasaba documentos con la ayuda de Michael. Aquellos papeles necesitarían totalmente nuestra atención pues era unos nuevos clientes que se habían interesados a trabajar como contribuyentes. Los rayos del sol se colaban a través de la ventana, iluminando todos los rincones desorganizados de mi escritorio. La concentración resultaba fundamental, y a pesar de ser denso, el silencio se tornó suave en el momento en que resonó el ruido de la puerta. —Adelante. —Dirigía apenas la mirada hacia puerta. Le había pedido a mi secretaria unas tazas de café para mi y para Michael pues habíamos estado trabajando toda la mañana y nuestra energía estaba en el piso. De repente, en mi mente desfilaron una serie de pensamientos, ninguno de ellos era positivo. Ahí es

