Capítulo 37

2238 Palabras

Luciana Surreal probablemente era la mejor palabra para describir cómo me sentía al llegar a la puerta de Ariel. El hecho de que llevara en brazos la ropa recién lavada de su hermana no ayudaba a disipar esa sensación. Después de haber cenado —y desayunado— con Ariel y Evanne antes, esto no debería haber sido extraño. O quizá sí lo era porque, incluso después del tiempo que había pasado con ellos y de las noches que había tenido sexo con Ariel, esta noche era nuestra primera cita oficial. —Estoy horneando una pizza casera —dijo Ariel mientras yo seguía a Evanne a la sala. Tomó la bolsa con la ropa y la dejó a un lado. Luego se inclinó y me besó, un beso casto, pero público. —¡Vamos, papá! —vitoreó Evanne, haciendo que ambos nos sonrojáramos cuando nos separamos. A pesar de lo breve, e

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