Luciana Como la clase de educación física de mis alumnos era los miércoles por la tarde, sabía que tendría tiempo de sobra para disfrutar el aula para mí sola mientras preparaba mis planes de clase. Pero justo cuando ya había acomodado todo exactamente como me gustaba, la persona que menos me agradaba de toda la escuela irrumpió en el salón con su habitual sonrisa arrogante y lasciva. Había logrado evitar quedarme a solas con él desde nuestro primer encuentro, pero ahora estaba acorralada. Llevaba el mismo traje gris pizarra que parecía usar siempre, aunque con una camisa de un tono apenas distinto, nunca del todo libre de arrugas. Sus corbatas siempre estaban un poco torcidas, su rostro nunca completamente bien afeitado. Odiaba la idea de ser tan superficial como para juzgarlo por esas

