Ariel Para mí, el sexo siempre había sido una forma agradable de liberar tensiones, un lugar donde tener el control, pero nunca un impulso que sintiera necesario cumplir cierta cantidad de veces en un periodo específico. Por eso, solo me permitía disfrutarlo cuando me nacía la gana y mi horario lo permitía. Entonces conocí a Luciana. De todas las cosas sexuales que había hecho en mi vida, nunca había tenido sexo telefónico hasta anoche. Antes, si quería un desahogo físico pero no me apetecía buscar pareja, me ocupaba yo solo, sin necesidad de nadie más. Anoche, sin embargo, había querido hablar con Luciana y eso terminó convirtiéndose en algo s****l. —Sácate la cabeza del culo, Da Silva —murmuré para mí mientras negaba con la cabeza. Era mitad de semana y el trabajo se había acumulado

