Anya analizaba bien la urna, no podía dejar de mirarla, no paraba de pensar en una y otra vez en que iba a morir, toda su vida había pensado que moriría vieja, arrugada, rodeada de nietos, quizá de un infarto o de un día para otro…pero esa idea cada minuto que pasaba estaba más lejos, estas cosas solo pasan en las películas, maldita su curiosidad por entrar en el bosque.
No podía estarse quietecita a junto al 4x4 tenías que ir al bosque su subconsciente.
Se lo repetía por quinta vez, intentaba pensar en positivo, seguramente se habrían confundido de persona o a saber qué.
La urna tenía una pequeña abertura en la parte superior, en el centro de la urna apoyado en un soporte de metal se posaba una jeringuilla de cristal, sobresalía de ella hacia arriba una gran aguja, gruesa y de unos 5 cm, Anya no paraba de mirar la aguja, la atemorizaba pensar que eso sería para ella. Se le revolvió el estómago observando ese líquido viscoso que contenía la jeringuilla, el líquido rosado parecía que tenía vida pues unas raíces rojas parecían moverse en su interior.
Anya trago saliva al pensar que le produciría eso, para que servía. Su cabeza se llenó de pensamientos y preguntas demasiada ansiedad, le empezaba a faltar la respiración, hiperventilaba hasta que de un empujón la puerta se abrió, Anya presto atención a quien quisiera hacerle daño no sabía que iba a suceder pero no se lo pondría tan fácil, miro la mesa nuevamente de instrumentos médicos, se movió lo más rápido que pudo, tenso las tiras de cuero que agarraban sus manos estirando la mano todo lo que pudo hasta la mesa, se hizo sangre en el intento, se mordió su labio inferior para no chillar, casi hasta rajarlo, lo intento nuevamente y esta vez sí alcanzo el bisturí.
Mientras varios hombres trajeados, como el anterior, todos con los mismos ojos inyectados en un n***o terrorífico, se colocaban alrededor de la habitación circular ella intentaba cortar las tiras de cuero de sus muñecas...no se daría por vencida y no dejaría que hicieran con ella lo que quisieran, al menos no sin luchar.
Por la puerta aparecieron tres hombres, hablaban entre ellos en un murmullo casi inaudible, estos vestían informal, pantalones vaqueros y camisetas de manga corta dejaban ver fuertes brazos, chicos de gimnasio pensó, su piel demasiado pálida no parecía ni real con su caras serias inexpresivas , pero todos tenían una belleza envidiable y.... sexys a tal punto que deseas tocarlos para ver si son reales de verdad, caras perfectas, Anya no lo podía creer, solo con sus miradas te hacían perder la cabeza, la atraían, a pesar de eso un aura oscura los envolvía a los tres.
Detrás de esos tres hombres sacados del Olimpo, apareció una muchacha, rubia, con una gran coleta alta echa tirabuzones que le llegaban a más de media espalda, era pálida como ellos... con unas curvas perfectas, tenía una cara hermosa, parecía una muñeca, esta traía en las manos unos zapatos de tacón negros y en la otra un cuenco con agua y varios paños, colgando del brazo llevaba un vestido azul, con un pequeño detalle de trenza en la altura de la cintura.
Todos se posicionaron en la habitación, la única que se acercó a Anya fue la chica, dejo las cosas encima de la mesa, la chica la miraba con cara de lastima, esa chica le tenía pena...no era buena señal, se quedó junto a mí, pero dándome la espalda estaban esperando a algo o mejor dicho a alguien.... Se oían dos voces masculinas acercándose hasta que se dejaron ver, no podía creer lo que estaba viendo…Era. Era aquel chico el de los tatuajes, que le aguanto la mirada…no podía creerlo…Anya solo le salían susurros.
-Tú...-Dijo acordándose de las palabras de Kim...Su padre sería el que entro junto a él...líder de una secta...asociación...la mafia… ¡No! eran putos monstruos sin duda alguna. El chico se había quedado estupefacto al verla a ella allí…no se lo podía creer, la última prueba de su padre para encontrar a una humana capaz de aguantar y evolucionar la sangre de un hibrido, Mezcla de sangre de un vampiro y un mago...Su padre había tenido que matar y sacrificar a demasiados magos y vampiros para conseguir esa "pócima", una ponzoña demasiado peligrosa y fuerte.
El chico se había sentido atraído por ella...desde que la vio bajar del coche de Kim, su olor, su alma le había hecho perder el control que había conseguido doscientos años atrás, para poder controlar su impulso de matar, la había evitado para no matarla y ahora el destino la ponía a su merced y si ella resistía la tendría a su lado para siempre...cosa que no le hacía mucha gracia.
El hombre entrado en edad iba vestido con ropa clásica, era también pálido, hermoso, se acercaba a ella lentamente, mirándola con una gran sonrisa, llego a la altura de la chica, seguía sin entender nada.
¡Buen Dia! Anya, bienvenida a mi hogar...-Hizo una pausa leve- Soy Damián y espero que me resultes útil. -dijo acercándose a ella.
Anya presa del pánico grito- ¡No te acerques a mí, ¿porque me tenéis aquí?! - dijo en un sollozo, mirando al chico.
Damián se paró frente a ella observándola con cara de tristeza y el chico agacho la cabeza- ahora nos perteneces-dijo tajante y quitando la sonrisa bruscamente.
Anya lo miro con ira, no entendía nada de lo que le estaba diciendo.
Yo no pertenezco a nadie y mucho menos a ti- Repuso con asco. -Esto es inhumano- Dijo Anya con la voz triste y cansada, dejando caer su cabeza contra la piedra de mármol, mientras ellos entraban había conseguido cortar la tira de cuero y estaba dispuesta a clavarle el bisturí a quien intentara tocarla.
-Stephen-Llamó a su hijo, para que se acercara a la chica- ¿Querrías hacer los honores?- dijo señalando la urna- Creo que ella es la indicada, seremos el clan más poderoso...si esto funciona, Serás el nuevo Líder si esto sale bien....así que adelante- se retiró mirando por última vez a Anya con un poco de esperanza en sus ojos, Se acerco al oído de la chica rubia y le dio algunas indicaciones después mirando a su hijo dando la señal de que lo hiciera se marchó cerrando la puerta tras él.
Stephen dudó de si hacerlo o no...No quería hacerle esto a ella y si...salía mal, él no era como su padre, pero toda su ciudad estaba en peligro, el secreto de su especie Valia más que ella...
Anya lo miraba cautelosa, preparada para atacar con el bisturí, vio como el metía la mano en la urna y sacaba la gran jeringuilla, la chica se le acerco y bajo su vestido un poco dejando la parte del corazón al descubierto. -Mierda, mierda, mierda, va directa al corazón-chillo en su interior solo sentía pánico y empezó a chillar.
-No…Por favor...no me hagas esto...yo…yo no he hecho nada Por favor....-chillaba aterrada, suplicaba llorando por su vida como nunca pensó que lo haría, Stephen se acercó a ella con una expresión de hielo, la agarro por el cuello e hizo un poco de presión para que dejara de gritar y así impedir que moviera su torso, Anya en el arrebato de histeria mueve su brazo con rapidez y le clava el bisturí en el antebrazo y hace que la suelte de golpe....intenta soltarse el otro brazo para correr pero le es imposible...Stephen se quita el bisturí....no sale ni una gota de sangre lo tira al suelo y va a por ella de nuevo.
-Lo iba a hacer por las buenas....pero ya veo que ese rollo no te va...-dice con una sonrisa digna del diablo, le soltó la otra muñeca de un tirón, Anya aprovecho con rapidez ese movimiento y salto de la roca e intento correr hacia la puerta pero unas manos más rápidas la ataparon e hizo que se arrodillara en el suelo, él estaba a su espalda agarrándola del cuello hacia atrás, con una sola mano la levanto, apoyándola en su pecho y cuando menos se lo espero.
Anya sintió la puñalada en su corazón y como se le rompían dos de sus costillas del golpe. Stephen había inyectado la ponzoña en su corazón.
Anya se quedó sin respiración...de golpe un chillido desgarrador salió de su garganta, la presión de sus costillas rotas...El calor abrasador que sentía en su cuerpo su corazón...quería arrancárselo...quería morir. Stephen intentaba sostenerla, pero ella no paraba de moverse y retorcerse.
-Si funciona. El dolor pasara enseguida, aguanta...-dijo en su oído, Anya se sentía en llamas.
- ¡Mátame...por favor...arráncame el corazón! -Esas fueron sus últimas palabras antes de desvanecerse en los brazos de Stephen.