— Ordena tu, yo aún no puedo decirme. —Digo sin despegar la mirada del menú.
— Quiero este y también una malteada de chocolate. — Señala en el menú.
Mientras tanto yo sigo indecisa, es un menu lleno de comida con exceso de grasa, azúcar o ambos, no parecen platillos para comer a media noche.
— A mi me trae una crepa de fresas con crema y un café helado por favor.
Después de lanzarle una última mirada coqueta a Kang Dae la mesera desaparece en la cocina.
Aún tiene el rostro rojo por el alcohol Pero al menos ya habla de una forma más entendible, incluso recuerda muy bien las direcciones.
— ¿Cómo es que conoces este lugar? ¿vienes aquí cada vez que estás ebrio?
— Mamá era mesera en este lugar.
Por un momento todo parece una broma, su familia es reconocida por ser una de las más influyentes del gremio, entonces él continuo.
— Hubo una época, cuando era pequeño. — Explica con calma sin hacer ninguna expresión. — Tenía tres o quizá cuatro años, papá aún era un subordinado en una constructora, mamá estaba cansada de que no se reconociera el esfuerzo de papá y no se le diera el crédito por sus proyectos así que decidieron invertir todos sus ahorros para abrir DM constructions, se quedaron sin un solo peso así que mamá busco un trabajo de medio tiempo, en muchas ocasiones dormi detrás de ese mostrador.— Señalo detrás del mostrador.
Entendí porque dijo aquello de no querer irse del país, todo aquello tenía mucho valor para él.
Un sentimiento de nostalgia lleno mi pecho, entendí que el hecho de que mi plan funciona era mucho más importante para él que para mí.
— Aquí tienen sus pedidos. — La mesera coloco un plato sencillo frente a mi junto a mi vaso de café, en cambio cuando fue el turno de Kang Dae parecía el menú para toda una familia, una torre de waffles, crema batida y chocolate, por si fuera poco una malteada lo suficientemente grande como para compartir.
— No deberías de comer tanta azúcar. — Comenté al ver la cantidad de calorías que estaba por devorar. — ¿Sabías que la obesidad es una de las principales causas de muerte en el país?
Mi comentario parece hacerle gracia, sin una pizca de pudor tomo el borde de su camiseta y la levanto mostrándome su definido abdomen.
— ¿ Sabes cuánta energía se gasta en un entrenamiento de americano? — pregunto y se llevó un enorme bocado.
No lo sé, Pero puedo imaginarlo después de presenciar aquel partido.
— ¿Cómo es?— pregunté curiosa por su vida.
— ¿El entrenamiento?
— Todo en general, nunca antes había presenciado un partido, después de algo así yo tendría que permanecer en una cama de hospital por semanas.
Soltó una leve risa y comenzó a contarme como fue que entró al equipo, fue divertido enterarme que vómito el primer día de entrenamiento, sabía que pasaban ese tipo de cosas debido a la exigente rutina de ejercicios, Pero, nunca pensé que algo así le pasaría a él.
— ¿Por qué estabas con la chamana?— Preguntó volviendo al tema que nos hizo conocernos.
— Bueno, creo que la razón es la misma por la cual tu estabas ahí, mamá y papá se conocieron a través de ella, dijeron que mi momento había llegado y que tenía que ir a conocer a mi amor predestinado. — Dije con un ademán exagerado y dramático.
— ¿Crees en eso?
— Creo en el amor que se tienen mis padres, más no en algo como el destino y el amor predestinado, ¿ y tú?
— Es complicado. — Respondió a secas dando por finalizado el tema y se dedicó a terminar su torre de harina, azúcar y leche.
por un momento hubo un silencio cómodo entre nosotros, simplemente disfrutando de la tranquilidad del lugar.
— ¿estás seguro que puedes ir solo? — Pregunté nuevamente.
— Si, estoy bien.
No conforme con su respuesta decidí asegurarme de que llegue a casa sano y Salvo.
Metí la mitad de mi cuerpo dentro del taxi y busque en los bolsillos de su chaqueta hasta encontrar su celular, para cuando me levanté me di cuenta de que su rostro estaba nuevamente rojo.
Marque mi número y respondí la llamada desde mi celular.
— Toma. — Le entregué su celular aún con la llamada activa. — Tienes que hablar conmigo hasta que llegues a casa.
Con una sonrisa socarrona tomo el celular y lo pego a su rostro.
— Como usted ordene. — Habla sobre la bocina del celular como si no estuviera a su lado en ese momento para escucharlo.