ELENA Romperse mentalmente fue algo interesante. Era como estar en un avión, cambiando del asiento del piloto a un asiento junto a la ventana en la clase económica, rezando para que el nuevo piloto no se estrellara y nos matara a los dos. No podía recordar el resto de mi castigo en la sala de Retribución, pero sabía que no me había sentido yo mismo cuando desperté. Cada vez que Matteo me hablaba, siempre sonaba como si estuviera bajo el agua o muy lejos. Mis palabras parecían atrapadas, mis cuerdas vocales paralizadas por el miedo, pero alguien —o algo— le respondió. Salió de mi boca, pero no sonaba como yo. Mi voz salió plana, muerta y casi robótica. Soné tan muerta como me sentía, lo que no impresionó a Matteo, especialmente cuando no dije más de lo necesario para responderle. Aunque

