Minutos más tarde... La puerta de la habitación se cerró con un clic suave. Galaxia ya se había ido, escoltada discretamente por Thomas después de que Ezra le pagara generosamente, añadiendo un extra considerable al ver que la mujer cojeaba ligeramente. Ahora Ezra entraba de nuevo, con pasos descalzos que apenas hacían ruido contra el piso de madera oscura. Mely estaba exactamente donde la había dejado: recostada en la cama con las piernas cruzadas, el libro de pasta dura entre sus manos, su expresión completamente neutral como si los últimos cuarenta minutos no hubieran sucedido. —Duende, ya regresé —anunció con voz que intentaba casualidad pero que salía ligeramente ronca por el ejercicio reciente—. A Galaxia la tuvieron que escoltar porque no podía caminar bien. Le di propina extra.

