CAPÍTULO VEINTE A pesar de los riesgos, Cassie estaba comprometida a hacer la denuncia en Servicios Sociales. Sabía que tendría que hacer su máximo esfuerzo para asegurarse de que la tomaran en serio. Las niñas sufrirían terriblemente si este nivel de abuso continuaba y con el paso del tiempo, sus personalidades podrían deformarse siguiendo el mismo molde aterrador. Perderían toda esperanza de tener una vida feliz y normal, o incluso de tener una infancia. En cambio, se verían obligadas, a través del miedo y el tormento, a convertirse en réplica de su madre. Cassie sintió que se le helaba la sangre al pensar en que un día estas niñas tratarían a sus hijos de la misma forma, porque era la única que conocían y habían sido condicionadas en un círculo de crueldad. Mientras conducía hacia la

