CAPÍTULO VEINTINUEVE La detective Falcone golpeó la puerta del dormitorio de la hija mayor, y esperó a que le respondiera. Esta era la habitación de Nina. Allí, asustada y sola, probablemente en llanto, había una pequeña niña cuya vida había cambiado repentina y brutalmente. No había nada que pudiera hacer Falcone para devolverle a su madre. Cerró los ojos por un momento, absorbiendo el horror de la situación y conteniéndolo en su interior. Se preparó para manejar el interrogatorio con todo el tacto y sensibilidad que este requeriría. La niñera estaba detrás de ella, moviéndose nerviosamente de un pie a otro. Falcone consideró decirle que volviera al comedor, pero se arrepintió. Decidió no hacerlo. Primero quería ver la reacción de la niña frente a la señora Vale, ya que podría ofrecer

