CAPÍTULO TREINTA Y UNO Cassie supo inmediatamente por qué la detective Falcone había vuelto tan rápido y se había dirigido directamente a la oficina de la señora Rossi. Por supuesto, era para acceder a la grabación. Ahora aquí la tenía, abierta y esperando en la pantalla. Cassie se sintió agobiada por la ruina, porque su presencia en este lugar recalcaba su propia culpa. Había sido demasiado lenta, solo por un minuto, y ahora ardía de remordimiento mientras pensaba en cómo podía haber acelerado la conversación con Maurice o incluso apresurarse directo a la oficina y haberle dado el chocolate a las niñas más tarde. Ahora era demasiado tarde y sabía que la detective Falcone podía leer su culpa tan claramente como si Cassie le estuviese gritando su confesión. Cassie se dio cuenta, con una

