Rebelión de ángeles

1031 Palabras
Finalmente era libre, libre para vengarme de Dios y de esos odiosos ángeles que me despreciaron. Entre de golpe al recinto y como era costumbre en él, estaba castigando a uno de sus leales súbditos. -¡Dios!, ¿por qué no te metes con alguien que está a tu nivel? -¿Cómo entraste aquí? -Gusto en verte de nuevo, sigues exactamente igual. -¿Cómo cruzaste la barrera? -Esa insignificante fortaleza no va a detenerme. Libere a los ángeles incendiando sus jaulas. Ellos salieron temerosos, quisieron escapar pero se quedaron a observar. -¡Ustedes!, ¡vayan a alertar a los demás!-les ordenó Dios. -Ya es tarde, mis ángeles oscuros tienen el control ahora. -¿Qué has hecho?, ¿quién te dejó entrar? -Quien no es lo importante, ¡ustedes!, no tienen por qué obedecerlo, ¿les gusta vivir así, con un líder tirano como él? -¡No lo escuchen! -Si gustan, pueden unirse a mí, yo nunca menospreció el valor de nadie. -El solo quiere ponerlos en mi contra, ¡no lo escuchen! -Yo quiero-dijo el ángel que había ayudado la primera vez.-ya no quiero seguir con él. -Yo también-dijo el ángel que estaba siendo castigado hace un momento.-siempre te he admirado por tu valentía, es algo que nunca me anime a hacer. -¿Se ponen de su lado?, pero ¿por qué?, ¿tan mal los he tratado? -Y ¿todavía lo preguntas?-lo encerré en una celda de fuego y le ordené a los ángeles que salieran. Ellos obedecieron y se sorprendieron al ver a los ángeles oscuros sometiendo a sus compañeros. -¿Qué les haces?-preguntó uno de ellos. -Nada-respondí apareciendo a su lado.-solo quiero darles la libertad que se merecen. -Pero, ¿qué pasará con el líder? -No se preocupen por él, se quedará encerrado por largo tiempo, así como hizo con ustedes. Entonces ángeles, ¿quieren seguir siendo sus siervos fieles o quieren su libertad? -¡Nuestra libertad!-respondieron todos al mismo tiempo. Tras decir esto. La ropa de los ángeles se volvió de color n***o, les crecieron cuernos y sus alas dejaron de parecer alas de paloma para convertirse en alas de cuervo. -¿Cómo se sienten ahora? -Mucho mejor amo. -Mucho mejor señor. -Nunca me sentí mejor. -¿Les gustaría que los otros ángeles se sintieran así? -Sí señor. -Entonces, ayúdenme a formar más seguidores. -Sí señor. -Con gusto señor. -Lo haremos. Los demás ángeles se oponían, pero muy pronto iban a ceder. Con un ejército completo, lograría aniquilar a toda la especie humana y crear una nueva generación mucho más pensante y fuerte. Me dirigí a la tierra y aparecí en medio de un ritual que estaba siendo organizado por un grupo de jóvenes practicantes del ocultismo. -Oh, señor de las tinieblas-dijo el líder arrodillándose ante mí haciendo que los demás imitaran su gesto. -Levantanse, No necesitan hacer eso-vi a tres mujeres amarradas en una esquina con mordazas en la boca. ¿Acaso iban a matarlas?, bueno, no importaba. Tenían un muy buen cuerpo, el necesario para crear la especie de humanos mitad demonio. -Señor, déjanos ofrecerte a estas mujeres como muestra de nuestra lealtad. -Gracias, la ofrenda les será muy bienvenida. Pero no las maten. -Pero, ¿por qué señor? -Préstame tu cuchillo-le ordene al líder. -Sí señor, hágalo usted. -No pienso asesinarlas, por lo menos, no todavía. Caminé hacia ellas y me corté la mano causando que la sangre brotara de mi brazo. -Quitenles la mordaza-les ordene y ellos obedecieron. Las chicas asustadas lloraban implorando que no les hiciera daño. -Beban-les pedí pero ellas se negaron. -No, por favor… -No… -Qué asco… -Harán un pacto conmigo, beban o haré que las maten ahora mismo. Ellas aceptaron y lamieron la sangre que brotaba de mi brazo. Invoque a los ángeles oscuros y seis de ellos acudieron a mi llamado, se llevaron a las mujeres al infierno y deje que se encargaran de ellas. -Consiganme más mujeres como esas y conseguirán salvarse. -Sí señor-respondieron todos al mismo tiempo. Yo mismo iba a juzgar si eran aptas o no. Regrese al infierno para ver a las madres de mis hijos. Las habían encerrado en una cámara junto al portador. -Hola. -¿Qué nos vas a hacer? -No se asusten-sonreí y ellas retrocedieron. -Déjanos salir, lunático-dijo una de ellas. -Eso no se va poder. Hicieron un pacto de sangre conmigo, ahora pertenecen a este lugar y me deben jurar lealtad. -¿Qué nos vas a hacer? -Ya me preguntaron eso. -Si nos pones un dedo encima, vas a ver cómo te va. -Veo que eres de carácter fuerte, pero eso no te servirá aquí. Escuchen, están aquí porque fueron elegidas para engendrar a la nueva civilización de humanos que estará en la tierra. Una civilización superior, más inteligente y más fuerte. Deberían sentirse privilegiadas, normalmente no suelo darle ese honor a mujeres humanas. -Y, ¿si no queremos? -¿De verdad quieres saber? -No lo hagas enojar Berta. -Así que te llamas Berta. Puedo ver que eras la mejor deportista de tu escuela, has representado a tu país en varios torneos internacionales, interesante. También sé que eras madre soltera, lamento lo que le pasó a tu hijo. Te dejaré verlo si te portas bien. -¿Cómo sabes todo eso? -Lo sé todo sobre ustedes y también sé quiénes son tus amigas Mia y Elizabet. Mia nunca ha tenido relaciones y su alma es muy pura, y Elizabeth, chica disciplinada con alto coeficiente intelectual. Las tres son muy atractivas, me servirán. Los íncubos se las llevaron en el altar de las pasiones, una zona del infierno donde se castigaban a los lujuriosos, las mantendrían ocupadas por un largo tiempo. Volví al cielo y sonreí de satisfacción al ver a todo mi ejército finalmente reunido. -Bienvenidos, mis queridos seguidores, se unieron a mí por voluntad propia, ¿verdad? -¡Sí señor! -Vuelen mis aliados, vayan a la tierra y destruyan a los humanos. -¡Sí!-todos obedecieron. Iba a ser el ser más poderoso del mundo y nadie se interpondría en mi camino. Solo yo sería conocido como el más grande dios de la humanidad.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR