6 | Villano

2425 Palabras
SPENCE LOMBARDO El bombardeo en Roma no cesa y aunque Estados Unidos se ha pronunciado en contra de los ataques Terroristas encabezados por Rusia ya llevamos más de diez días de guerra en donde han muerto más de tres mil ciudadanos italianos. El mensaje es claro, recibimos una amenaza por parte del equipo de Daris Faricci, quieren asegurarse de que Elizabeth Grani asuma la derrota y se retire de los comicios. Santino Rinaldi es quien encabeza toda esta revuelta y estamos de manos atadas porque se nos han volteado quienes menos esperábamos. Básicamente han dejado a Elizabeth en un: te retiras por las buenas o atacamos a tu país. Y la destrucción de Italia bajo su mandato es un arma que juega en su contra. —¡Están matando a familias enteras! —Se desespera Grani con lágrimas en los ojos—. Voy a aceptar el trato. —No —Bruzual, uno de sus asesores, está en contra—. Precisamente eso es lo que quieren, tomar el poder por las fuerzas y que todo quede disfrazado de democracia mientras que bajo la mesa nos ponen contra la pared—. Debemos seguir en pie. —No están jugando limpio —Se queja uno de los integrantes de su partido—. Creo que debemos... —¡Es terrorismo! —Bruzual está rojo de la impotencia y yo no tengo ni una puta idea de cómo voy a decirles que mi hermano ha dicho que no. Y encima que ha enviado una propuesta s****l a Elizabeth. Toda una falta de respeto. —No me interesa, voy a retirarme de las elecciones. Niego con la cabeza, lo peor es que nos están empujando a darle el apoyo total a Daris Faricci. Que Elizabeth se retire y lo respalde para sobre asegurar su victoria. —¿De dónde carajos Santino Rinaldi está sacando poder? Voltean a verme. Tengo más de dos años buscándolo para arrestarlo, pero es escurridizo el hijo de puta. Y ni siquiera está en Italia el cobarde. —No quiero más muertes —La presidenta se seca las lágrimas, cogiendo un segundo aire para continuar—. Voy a retirarme para darle el apoyo a Faricci. Lamentable toda la situación a la que hemos llegado. —¿Y Massimiliano apareció? Bingo. Y ahora es mi turno de colocarle la cereza al pastel. —No aceptó hablar conmigo —Miento. No diré que el cabeza dura se negó a ayudar después de enterarse de lo que estaba sucediendo en el país. Su país. —¡Carajo! —Vamos a esperar —Pido yo tratando de infundar calma—. Tampoco lo necesitamos a él. Podemos... Grani niega, preocupada. —¿Qué voy a esperar? ¿Que maten a más personas? ¿Que extingan el país entero? —Si Estados Unidos interviene le daremos inicio a la tercera guerra mundial —Suelta Bruzual—. Estamos solos y debemos resolverlo solos. Spence tiene razón, no lo necesitamos. Podemos buscar... La puerta se abre de golpe y lo que mis ojos ven me deja perplejo. No puedo creerlo. La asistente de la entrada viene corriendo con las mejillas rojas, un tanto despelucada. El nerviosismo se le ve en las manos temblorosas que se aprieta con la mirada en el suelo —Lo siento, el señor hizo caso omiso a mi orden y no pude detenerlo. Imposible detener al diablo. —Sal de aquí, mocosa. Me estaban esperando. Massimiliano avanza hasta sentarse en una de las sillas con las piernas cruzadas, se quita los lentes de sol y enciende un cigarrillo como si estuviera en la comodidad de su casa. Tiene incluso el atrevimiento de robar la tasa de café que le trajeron a Grani, dándole un sorbo. —Esto sabe a mierda —Voltea a ver a la recepcionista—. Tráeme un café n***o sin azúcar. Nadie dice nada y Bruzual asiente hacia la niña que sale de inmediato. —Quiero que eliminen todos mis antecedentes, quiero la custodia de Fiorella Benedetti, también que vayan a buscarla en donde sea que esté y la traigan conmigo. »Quiero que me devuelvan mi placa del SIPM y voy a operar como agente solo hasta que todo el mierdero que ustedes mismos causaron por no inhabilitar a Faricci a tiempo, acabe. Luego me iré con mi hija y no volveran a buscarme en sus putas vidas. El silencio reina y yo me levanto para hablar: —Regresa a tu puesto, payaso. Estoy aquí porque el dueño del circo no fue a buscarme directamente sino que enviaron a éste títere, y yo no hago ningún trato con secretarias. El castaño se ve mucho mejor que hace cinco días, y ahora que puedo detallarlo afeitado y con buen aspecto parece que los años no han pasado por él. Está exactamente igual. No envejece. Elizabeth Grani se ve aturdida con la presencia del tipo al que medio planeta buscaba hace seis años. No hago caso al comentario egocéntrico de mi hermano que ha resultado ser un malagradecido de mierda que ni habiéndole salvado el culo deja de tratarme como si fuera inferior a él. —Para empezar, quítate esa maldita corona imaginaria —Me alzo—. Si estás aquí es porque quieres algo más que esas peticiones tan simples. Así que dilo de una vez ¿Qué es lo que tramas? Se me queda viendo. —No me conoces para nada bien, hermanito —dice antes de explayar esa sonrisa macabra característica suya—. ¿Qué hace a Santino Rinaldi el principal cabecilla de toda esta guerra estúpida? Silencio. —Rusia —responde la presidenta—. La alianza con Rusia es lo que empoderó a la mafia Italiana. Mafia que no he podido disolver ni con la ayuda de Dios. —¿Y que hace a Rusia tan temible? Otra vez silencio. —Las Nefitas —vuelve a responder ella. El macabro de mi hermano sonríe aplaudiendo. —Exacto. Vaya... cuánta inteligencia, presidenta. —Cuidado —Le advierte Bruzual, el cual ha adoptado una posición defensiva—. Mucho cuidado. —Elizabeth, amarra a tus perros por favor. Ella nos ve a todos y su seña indica que le dejemos quieto. —Yo robé las Nefitas para el anterior Jefe de la mafia Roja, Viktor Ivanov. Pero los diamantes al final terminaron en manos de Estados Unidos con los cuales yo mismo me alié. Ahora pregúntense ¿Cómo es que llevamos más de una maldita semana siendo bombardeados, bajo amenazas de ataque nuclear y dejándonos manipular por un cabron apadrinado por Rinaldi y los rusos? y que Estados Unidos aún no te haya contactado para ponerse a la orden. —Estados Unidos... —Empieza Bruzual pero no termina. —Si, si, pura mierda —Lo interrumpe el ladrón profesional que comparte lazos sanguíneos conmigo—. Un comunicado diplomático que mira como me resbala. Estados Unidos está con Rusia ahora y a nosotros nos toca aliarnos con los dueños reales de las Nefitas ¿Y de dónde las saque yo? Maldito hijo de puta que nos trata como niños de preescolar, dejando puntos tan obvios que no vimos antes. —Inglaterra —Hablo yo por fin. Asiente, soltando humo. —Entonces, voy a encargarme de salvarles el culo a mi manera. No quiero reconomientos, ni que me ofrezcan luego un maldito cargo, no quiero nada. Mi petición ya la hice y es ésto o me largo. Grani se levanta a penas ve que Massimiliano se pone de pie. —De acuerdo, es un trato. Se dan la mano y el guiño que me da mi hermano me pone de mal humor. A veces lo detesto. ******************* MASSIMILIANO BENEDETTI —¿Bomba de humo? —El manoton que Spence le pega a la mesa sobresalta a Gregor que no ha dejado de verme desde que me vió entrar. Ya parece medio maricon con su miradera—. ¡Yo te maté! No puedes aparecer de repente para decirle a toda Italia que sigues vivo. —Es la puta bomba de humo que necesita Italia, ustedes me atrapan y yo mágicamente me pongo de su lado prestándole apoyo al SIPM. La gente se distrae un rato y... —No, ya dije que no. El hacker vuelve a desviar su atención de la pantalla de la computadora para verme otra vez y me termina de tocar las pelotas. —¿Te cortaron los huevos también y ahora eres maricon o qué? No dice nada, vuelve a clavar los ojos en la pantalla de su computadora. —¿Cómo sabes que Estados Unidos se ha aliado con Rusia? La pregunta de Spence es bastante imbécil. No parece un agente, sino un idiota principiante. Ni le voy a responder. —Dame mi puta placa que me voy a trabajar. —Massi. Alzo las cejas, viéndolo ya con fastidio. Y cede, me entrega la carpeta con todas mis identificaciones dentro. Ya estoy harto y acabo de llegar. —Fiorella está en El Salvador con Nader. Él es quien ha cuidado de ella y de tus sobrinos —dice con cuidado. Giulia me odiaría si supiera que lo tiré todo a la basura y que encima abandoné a sus pequeños niños. —¿Cómo los ha cuidado? —Margot siempre está en contacto con ellos. Están bien. Dice que Nader es un buen tipo. Al menos sirve para algo el venado musulmán. —De acuerdo, volaré a El Salvador esta misma tarde —zanjo—. Buscaré a mi hija y a mis sobrinos. También necesito un equipo, localiza a los chicos. —Eso no va a pasar —Que Gregor por fin abra la boca me dice que al menos no le mutilaron la lengua—. La condición de todos fue no ser localizados nunca más. Me echo a reír. En cuanto sepan que el llamado es por mí tomaran el primer maldito vuelo de regreso a Italia. —Spence, diles que volví. Haré un campamento en El Salvador algunos días, el país más seguro de Latinoamérica es un excelente escondite para formar mi banda de criminales ahora que lo pienso. —Tienes a tu disposición a todo el equipo del SIMP en Roma ¿Para qué quieres a los chicos? —Solo trabajo con ladrones, lo siento. Y que de claro una cosa: Ya dije que voy a operar a mi manera, y si no te gusta anda a quejarte con mami Grani. Me doy la vuelta para salir de ahí, ya suficiente tiempo he perdido. Entonces Gregor abre la boca con una noticia que me hierve la sangre y también excita. —Biana está en El Salvador con Margot visitando a Fiorella, Devan y Diva. Escucho que Spence lo regaña. Y volteo. —Deja quieto el pasado, y ve como un ser humano normal que dialoga. Habla con Nader y dile que estás en todo tu derecho de buscar a tus hijos y sobrinos. No creo que se oponga. Spence vuelve a hablar: —Con Nader están mejor —Eso ya lo sé, pero que mi propio hermano lo diga me hace enojar más de lo normal—. Tú no puedes criar adolescentes ¿Qué les vas a enseñar? ¿A matar y a robar? Déjalos quietos, resuelve primero ésto y luego piensa en ir a verlos. Aprieto la mandíbula y trago. Estoy tratando de no partirle la nariz con un puñetazo y no me colabora el hijo de puta. —Es mi hija, son mis sobrinos y los voy a buscar para traerlos a casa. También localiza a Franchesko y dile que es hora de que la familia Benedetti se levante; y si quieres jugar en mi contra avisa con tiempo. Me da igual mancharme las manos con mi propia sangre. Salgo de la oficina dando un portazo que resuena. Las personas que pasan por el pasillo se me quedan viendo como si hubiesen visto un fantasma y enciendo el décimo quinto cigarrillo del día. Mi malhumor crece y trato de relajarme inhalando todo lo que puedo, pero fallo. Encima de todo la simple mención de esa perra hija de puta me acalora por el odio que siento. Y maldigo a Gregor que me cagó el día por andar de boca floja, no entiendo la necesidad de hacerme saber que ella está en El Salvador haciendo de niñera. Hubiese sido una sorpresa placentera para mí, porque el tiro que le habría clavado en la cabeza seguramente que acababa con toda la oscuridad que se creó dentro de mí con su maldita traición después de que moví cielo y tierra para encontrarla y salvarla. Boto todo el humo y avanzo hasta la sala donde supuestamente me esperan siete tipos de la base que iniciarán conmigo la estrategia con la que se protegerá Italia y el culo de Grani. Es mi nuevo pelotón. Apenas me ven se levantan de las sillas, miro las estrellas en sus uniformes y me doy cuenta de que son agentes avanzados. Al menos no me castigaron con un grupo de inútiles novatos. —De una vez les digo que no quiero gente idiota en el grupo. O piensan con maldad o pidan cambio —Nadie dice nada—. ¿Tenemos algún francotirador? El más alto de todos da un paso al frente. —¿Nerd informático? Nadie. Primera falla, pediré a Gregor. —¿Maestro de explosivos? —Yo, señor —Un moreno con afro corto avanza. Me le quedo viendo. —¿Tengo cara de señor? —No dice nada—. ¿Que soy? ¿Tu puto abuelo? Y sale el más bajito a decir la peor estupidez que he podido escuchar hoy. —Soy su fan, señor. Lloré cuando lo dieron por muerto, se supone que debía celebrar el fin de sus operaciones, pero, es que es un genio. Ay carajo. Si no consigo restablecer a mi viejo equipo los Rusos me van a meter las Nefitas en el culo y me enviaran al más allá desmembrado. —Vayan a hacer maletas, idiotas. Nos vamos a El Salvador ¡Muévanse ya! No hago más preguntas ni pido que se presenten. Sinceramente no me importa, ya después haré que entrenen a mi forma y que suelten esa mentalidad de agente bueno y estúpido. Todos salen muy rápido y me dejan solo por fin con lo único que me da paz: el silencio. Esta guerra no se gana jugando al bando bueno, se gana jugando a ser el mejor y más cruel villano. 3/3
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR