Capítulo 4: Necesito una esposa

1598 Palabras
Narra Gavriel —Señor Ivanov, buen día, que gusto verlo de nuevo por aquí. —Hola, buen día. Saludé a todos un poco apenado, pues por primera vez llego al banco en un taxi. Fui al elevador frotando mi cuello, siento como el estrés empieza a acumularse. Merlina, mi secretaria. Me alcanza en el elevador metiendo sus brazos para que las hojas de metal no se cerraran. —Señor, aquí está, buenos días —dice ella agitada—. Casi que no lo alcanzo. —¿Me buscaba? —Sí señor, estuve por su oficina hace un rato y al no verlo, vine a la planta baja. —¿Qué pasa? ¿Qué es tan importante que no pudo esperar a que llegara a mi oficina? —Oh, es que el señor Ortega llegó, está en su oficina, vino para saber si ya había firmado el documento de… —Carajo, ¿Ortega no puede esperar más tiempo? —Le dije que volviera después, pero insistió en esperar. Ortega será nuestro nuevo inversionista, abriremos una de nuestras cedes de DANIV en Barcelona, él sabe que nuestro banco tiene gran espacio en el mercado por lo que está interesado, pero no puedo concretar nada con él, por lo menos no hasta que solucione mis asuntos. —¡Hey, Ortega! —Gavriel, que gusto verte. Oye, vengo a primera hora porque debo volver a Barcelona por algunos asuntos, ¿Cómo has estado? —Bien, a penas hoy me reintegro luego de la perdida de mi abuelo, nos ha pegado fuerte su muerte. Tanto que no he tenido cabeza para muchas cosas, pensé que tú y los otros inversionistas comprendía la situación y darían algo de tiempo para reunirnos, pero ya veo que no. —Lamento esto, no quiero que te sientas presionado, es que debo volver y ya sabes que vengo a Madrid solo si es necesario; solo quería saber cómo va el proceso, ¿ya firmaste el…? —Señor Ortega, mis abogados siguen revisando algunas cosas, no debería contarle esto, pero con la muerte del abuelo, estoy atravesando por algunas situaciones legales. Usted mejor que nadie, sabe que estos asuntos toman tiempo, además que de manera resiente me he empapado de estos asuntos que son difíciles de llevar dado que anímicamente no me encuentro muy bien. —Sí, eso lo entiendo, lamento mucho sonar apresurado. —Tan pronto mis abogados me den luz verde para avanzar con el proyecto, se lo haré saber; a usted y los demás inversionistas ¿de acuerdo? Créame, soy el más interesado en que las cosas se den de manera favorable, pero tengo que resolver un par de pendientes antes. Sin poder decirle que tipo de pendientes son. El hombre me da la mano y se retira de mi oficina, sentía que la soga en mi cuello empezaba a apretarse aún más. Abrí mi laptop para mirar el trabajo que se estuvo acumulando los días que estuve ausente, no logra a encenderse por completo cuando recibo una llamada de mi hermana. —¿Hola? ¿todo bien Lyah? —Gavriel, vine al centro comercial a… —¿Saliste? Pero si no tenemos autos. —Tomé un taxi, es que debía comprar mis nuevas prendas para entrenar y… —¿Qué pasó? —No sé qué sucede, pero las tarjetas no pasan. El efectivo que tengo no me alcanza para más que pagar el taxi de regreso. —Devuélvete a casa de inmediato, sabes que no me gusta que estés sola. Ya veré que sucede. No tenía que revisar que pasaba, era obvio que el abuelo tenía que ver con todo lo que pasaba, que empiece a congelar las cuentas no es algo que me extrañe a estas alturas. —¡Mierd*! Me puse de pie y traté de respirar con más calma, fui de un lado a otro tratando de calmarme. Esta manera de despedirse de sus nietos fue épica, al duelo se le suman estos pequeños chistes que no causan risa. Parece que con estas cosas que dejó para mí después de su muerte, fue una manera de recalcarme lo que siempre me decía en vida. Necesitaba tomar aire, necesitaba salir se la oficina y ver otras cosas, si me quedo aquí encerrado lo más seguro es que termine haciendo un show. Salí de la oficina para dar un recorrido por las instalaciones, recorreré todo el banco y cada uno de los pisos hasta que me sienta mejor, por lo menos tengo una manera de sacar lo que ahora me perturba. Caminé por distintas oficinas, veía a los empleados realizar sus labores con naturalidad, ellos parecen tener vidas más tranquilas que yo. Seguí bajando y pasé por el pasillo de atención al cliente, vi a varias personas esperar con sus turnos en las manos, miraba cada oficina y parece que todo marcha bien, pero al llegar a la oficina número cuatro; escuché a un hombre quejarse: —¡No puedo pagar todo ese dinero! ¿en qué momento los intereses aumentaron tanto? ¡Dios! ¿Qué quieren que haga? No pueden quitarme mi casa, ¿A dónde vivirá mi familia? Tengo un hijo pequeño y una hija que recién ha terminado la universidad, ¡Por favor! De reojo miré el interior de la oficina y noté al hombre exaltado. —Señor, trate de calmarse, con los gritos no solucionará nada. —¡Es que es mi casa! ¡No pueden desalojarme de mi casa! Me di la vuelta y me apoyé en la pared pensando en que ya seríamos dos los desalojados. —Señor Sánchez, el aumento del interés este año fue mínimo; lo que fue más grande fue el préstamo que hizo. En el fondo de garantías está su propiedad como… —¿A dónde llevaré a mis hijos? ¿Qué será de la vida de mi hija? Ella recién se gradúa de la universidad, no ha conseguido trabajo, denme más tiempo. Ella podrá ayudarme a pagar las cuotas, solo deme más tiempo. —Señor Sánchez… —Señorita, mi hija dijo que me ayudaría, de verdad. Ella está sufriendo tanto por nosotros que… Oh, ella es tan joven como usted, también está en busca de una oportunidad para ayudar a sus padres ¿usted no tiene padres acaso? ¿no tiene hijos? ¡Tenga empatía por el amor a Dios! Me despegué de donde estaba apoyado y troné mi cuello, esto no es algo que yo pueda resolver, me dispuse a regresar por donde llegué, pero por un momento una idea llegó a mi cabeza. Regresé hacia la puerta de la oficina cuatro y miré con más detalle al hombre que allí estaba, ¿y si esta era la oportunidad que estaba esperando? —¿Qué situación tiene el hombre? —pregunté cruzándome de brazos. —Oh, señor Ivanov, buenos días. El señor Sánchez tiene un atraso de más de… —No pude pagar las cuotas del préstamo que hice hace un tiempo porque mi repostería se incendió —responde el hombre un poco alterado—. No hemos logrado salir de muchas deudas, y ahora ustedes pretende dejarme sin casa ¿A dónde se supone que deba ir? —Señor Sánchez, ¿Por qué no me acompaña a mi oficina? Quizás pueda encontrar una manera de ayudarle —dije con esa idea loca dando vueltas por mi cabeza. La chica que lo asesoraba me mira algo sorprendida. —No se preocupe, atienda a la siguiente persona, yo me hago cargo del señor Sánchez. Fui directo a los elevadores sintiendo los pasos del hombre detrás de mí. —Dice que tiene una familia ¿no es así? ¿Qué tiene un hijo pequeño y… una hija que reciente terminó la universidad? ¿escuché bien? —Sí, tengo a mi Isabella de veintiún años y a mi hijo pequeño, Diego de diez años. —Vaya, una situación compleja para usted teniendo dos hijos, los padres siempre están dispuestos a hacer cualquier cosa con tal de que sus hijos estén bien ¿verdad? —pregunté abriéndole la puerta de mi oficina. El hombre pasa por enfrente de mí mirando cada espacio de mi oficina. —Tome asiento, señor Sánchez. Miraré en mi base de datos lo que sucede con usted. Rápidamente busqué en mi laptop la información del caso del señor Alberto Sanchez, el cual ha hecho prestamos en DANIV por un largo periodo, tuvo una buena referencia por sus pagos oportunos, pero desde hace dos años presentó inconvenientes con retrasos de las cuotas; sin embargo, logra avanzar con los pagos, luego; el año pasado a finales, decide hacer un nuevo préstamo, uno aún más grande en el que deja su casa como garantía del préstamo, el cual se le fue aprobado, pero no logró responder de manera positiva. Vaya que es una situación compleja. Ahora el banco reclama su dinero y no hay dinero, por lo que procede a la garantía del pago, su casa. Parece que es lo que necesitaba, tengo ante mis ojos la solución a mi problema. —Es muy delicado su caso, señor Sánchez —dije cerrando mi laptop y haciéndola a un lado—. Pero creo que puedo ayudarle, claro, si usted lo permite. —¡Claro que sí, necesito que me ayude! —Puedo anular su deuda con DANIV, puede continuar con su vida sin tener que preocuparse por una deuda tan grande, pero solo necesito que haga algo por mí, una sola cosa. Los ojos del hombre se abren de par en par. —¡¿Qué?! ¿Qué necesita? —Necesito casarme con su hija.
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