Stella Las últimas semanas habían estado sorprendentemente tranquilas. A un mes de terminar las clases y finalmente graduarnos después de tantos años y sacrificios, sentía esa mezcla extraña de alivio y vértigo. No sabía qué vendría después, pero ansiaba ese futuro por el que tanto había trabajado, como si en él estuviera escondida alguna respuesta que llevo buscando toda mi vida. Las cosas con Lars también estaban… serenas. Habíamos caído en una rutina no dicha, de esas que se forman sin planearlo: al menos tres veces por semana yo terminaba en su cama después del trabajo, a veces hablando hasta tarde, otras simplemente quedándonos dormidos entrelazados. Me gustaba. Y me gustaba aún más esa forma suya de ser, capaz de rozar mi piel con la suavidad de una caricia y, en el segundo siguie

