Capitulo 62

2496 Palabras

Stella El amanecer en Puerto Rico tenía un aire distinto. No era solo el sol que entraba filtrado entre las cortinas blancas, ni el murmullo de las olas que llegaba hasta nuestra habitación, era la sensación de estar suspendida en un tiempo que no pertenecía a nadie más, salvo a nosotros. Me desperté con la tibieza del cuerpo de Lars a mi lado. Sentí su respiración acompasada contra mi cuello, su brazo pesado y protector sobre mi cintura, como si incluso en sueños se negara a soltarme. Cuando abrí los ojos, la luz dorada del Caribe iluminaba la piel de su cuerpo y pensé que nunca había visto algo tan hermoso como aquel hombre que ahora era mi esposo. Moví un poco mi cuerpo y él reaccionó al instante, apretándome más contra él, con un murmullo ronco que se confundía entre el sueño y el d

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