Caminé lentamente hacia la puerta del cuarto de Trixie, mis pasos resonaban en la casa vacía, y cada uno parecía más pesado que el anterior. No encontraba la forma de suavizar lo que tenía que decirle. Por más que lo intentaba, las palabras no se formaban, la noticia era tan cruda, tan definitiva. Toqué la puerta, y desde adentro escuché su voz. —Pasa. Entré y la encontré en su cama, mirando al techo con los ojos perdidos, como si estuviera buscando respuestas en la nada. Simon estaba sentado en el suelo frente a ella, en una posición cómoda, pero cuando me vio, sonrió con una mezcla de pena y apoyo. —Hola —me dijo, levantando la mano en un saludo. —Hola —respondí, dándole una sonrisa forzada. Luego hizo una señal con las manos, como indicándome que no dijera nada, que era mejor no in

