Tres años. Tres años de silencio. Tres años de agonía. Tres años sin ellas. Me pasé una mano por el rostro, sintiendo la barba áspera en mi piel. Ni siquiera recordaba la última vez que me había afeitado correctamente. El reflejo en el espejo de mi habitación me mostraba un hombre diferente al que alguna vez fui. Ojeras marcadas, mirada cansada, el peso del tiempo reflejado en mis facciones. Había tratado de seguir adelante, de enterrar el pasado y continuar con mi vida, pero era imposible. Maritza estaba en cada jodido rincón de mi mente. En cada canción que sonaba en la radio, en cada aroma dulce que se cruzaba en mi camino, en cada maldita mujer de cabello oscuro que veía a lo lejos y que, por una fracción de segundo, me hacía pensar que era ella. Y Aria… y Trixie… Solo Dios sabí

