Conducía molesto hacia el departamento de Simón. El volante estaba tan apretado entre mis manos que mis dedos palidecían, el corazón latiendo con furia, pero no sabía si era por la rabia que sentía o por el dolor que me quemaba el pecho. Jamás pensé que encontraría a alguien peor que mi madre, pero esa mujer, esa maldita bruja, era un mal más profundo de lo que jamás hubiera imaginado. No solo estaba obsesionada con mí, sino que estaba dispuesta a arrastrarme a su mundo oscuro. Eso me desbordaba, pero no iba a dejar que eso me frenara. Mis pensamientos daban vueltas sin parar, pero no era eso lo que ocupaba mi mente ahora. Había algo más, alguien más... Maritza. La necesidad de recuperarla era tan urgente, tan visceral, que sentía el nudo en el estómago apretarse cada vez que pensaba en e

