Capítulo 4

844 Palabras
Me quedé estática en mi lugar por unos segundos tratando de contener mi ira. —Tu rostro se ve mejor sin mi puño estampado en el— dije sarcástica. ¿Se me da bien, no? — ¿Siempre tan ruda?— pregunto con sus manos dentro de los bolsillos de su pantalón. —Solo con pocos hombre que tienen que comprar a una mujer ya que no la pueden encontrar por si mismos— me crucé de brazos, si Madame Josephine me escucha ahora de seguro me pone un castigo. Pero honestamente eso es lo que son esos hombres, las mujeres huyen de los de esta clase es por eso que el dinero les da el poder de hacer lo que deseen. —Cariño, créeme serás la mujer más feliz del mundo— tenía una estúpida sonrisa cubriendo completamente su rostro. — ¿Me dejaras libre?— pregunte inocentemente, es la única manera que conozco en que me haría feliz. —No, serás mi esposa eso ya es mejor que nada— gire mis ojos en desacuerdo, incluso convertirme en una mosca es mejor que esto. —Lo que digas, parece que no haré cambiar tu opinión, ahora si me disculpas tengo otras cosas que hacer— y sin decir una palabra más me retire a mi habitación,  debía prepararme mentalmente para la llegada de mi madre, los argumentos que tendría para defender mi libertad. Porque con esto yo ya había tocado fondo, solo esperaba tener el suficiente coraje de decir todo lo que estaba cargando en mi pecho. Camine de un lado a otro por toda la habitación y era enorme, solo escuchaba el repiqueteo de mis tacones sobre el piso de madera. Un par de minutos más tarde escuché unos pequeños golpes sobre mi puerta. — ¿Si?— fui a abrir acomodando mi vestido para estar lo más presentable posible, parecía que después de todo si estaba aprendiendo una otra que otra cosa. ¿A quién engaño? Estaría mejor si solo fuera yo disfrutando de lo que yo quisiera hacer y no una copia de algo que no quería. —Juliet, Madame Josephine te quiere en su oficina— era una de las chicas que con una educación superior a la mía se presentaba en mi puerta para darme aquel mensaje. —Iré en un momento, gracias— dije siguiendo el protocolo impuesto. Aun estando lo más presentable posible salí de mi habitación, de seguro mi madre se llevaría una gran sorpresa. Aunque quisiera odiar a mi madre por todo lo que me estaba pasando no podía guardar tal rencor para mi progenitora. Eso me habían enseñado… Toque dos veces suavemente la puerta antes de girar la perilla y entrar en la oficina de Madame Josephine. —Aquí estoy Madame Josephine— coloque mis manos juntas una sobre la otra frente a mí. ¿Esa es una pose elegante, no? —Parece que han hecho un trabajo asombroso— dijo mi madre desde su asiento sosteniendo con su mano delicadamente una taza de té. —Eso merece una buena donación— dejo la taza sobre el escritorio de Madame Josephine. —Es mejor dar las buenas nuevas— dijo Madame Josephine con una sonrisa cubriendo su rostro. Yo tengo una mejor noticia, me largo de este lugar y nunca me vuelven a ver y me dejan disfrutar de mi libertad ¿Qué tal? —Juliet ha sido elegida para ser desposada por Maximiliano Daniels, me imagino que debe de conocerlo— miro a mi madre fijamente. —Por supuesto, ese hombre si hizo rico de la noche a la mañana— la sonrisa e impresión en el rostro de mi madre dejaban una extraña combinación. Si era para hablar de personas con dinero mi madre era una experta, solo de eso se la pasaba cotilleando con sus “amigas de la sociedad” —Sí, hablando de eso...— mi madre me detuvo con su mirada retadora, esa que era utilizada para callarme, no sé cuánto más pueda soportar que siga teniendo el mismo impacto sobre mí. —Parece que un par de cosas aún nos aprendes como lo es no hablar si no te lo piden— parecía que mis cinco minutos de orgullo hacia mi madre se habían desvanecido ¿Ya debería estar acostumbrada, no? — ¿Cómo pudo elegirla si aún no está preparada?— me miro de arriba a abajo. —Solo mírela— me señaló. Parece que solo un vestido no cambia totalmente las cosas. —Le hice saber las reglas al señor Daniels pero aun así acepto, dijo que no tendría prisa alguna, así que someteré a Juliet a un programa intenso para ser educada como la novia modelo, una esposa a la medida— justo de lo que quería huir. Y para eso era mi sufrimiento en silencio, para ser la novia a la medida que un hombre necesitaba, pero yo me iba convertir en otra cosa, sería una simple chica convertida en su peor pesadilla. Te arrepentirás Maximiliano Daniels de haberme escogido.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR