Mi cabeza dolía peor que cuando tuve una resaca al cumplir los veintiuno, descubrí que nunca debía de volver a beber de la manera en que lo hice esa noche. Me sentía cansado y mis ojos pesaban como si no hubiera dormido ya lo suficiente además de que era algo difícil respirar. -¡Auch!- dije al intentar llevar una mano hacia mi cabeza. -Shhh, tranquilo aquí estoy- mi mano volvió a su sitio pero otra se posó en mi cabeza. -¿Tienes mucho dolor?-pregunto aquellos dulce y melodiosa voz. -¿Juliet?- pregunte un poco más tranquilo. Ella era mi paz. -Si, soy yo...- aparto sus manos de mi y por un segundo la extrañe como nunca. -Toma un poco de agua-apenas y pude abrir mis ojos para ver el rostro más bello, aunque ahora parecía que ella no había dormido mucho. -Gracias- no quise perder ni un s

