Había pasado cinco días en aquel lugar. No había sido mucho tiempo tomando en cuanta la cantidad de sacrificios que había hecho para que confiara en mi y me sacara más rápidos de aquel lugar. -¡Bienvenida a casa!- sonrió Albert uniéndose a mis padres, ahora más que nunca debía fingir aunque quisiera salir corriendo por la puerta e irme a la luna de ser posible. -¡Papá. Mamá!- corri a abrazarlos con mi ya fingida "felicidad" -Me alegra tanto estar en casa- aunque era la casa de Albert donde se supone viviría en un feliz "matrimonio", iluso, nunca dejaría que algo así arruinará mi vida. -A nosotros también hija- besaron mi frente como lo hacían antes. -Pero que esperamos, muero de hambre- sonreí aligerando el ambiente para que creyeran que realmente había cambiado. Como si esas cosas s

