El castillo era mucho menos sombrío de lo que parecía desde lejos. Cada habitación estaba agradablemente iluminada con cálidos focos, lo que le daba una especie de ambiente hogareño. Había una habitación entera destinada a ser mi vestidor ese día. Adondequiera que mirara, había una mujer que me ayudaba con el pelo, el maquillaje o la ropa, lo cual era tradición, pero en mi opinión, un poco excesivo. "Estrella, ¿estás bien?", preguntó Ada, mientras observaba cómo los maquilladores me maquillaban la cara. "Creo que sí. O sea, no lo sé. Yo... ughhhh." —¡Cálmate, Estrella! Sé que estás nerviosa, pero te estás arruinando el maquillaje arrugándote la frente así —la regañó Penny. "¿Nerviosa? No, claro que no. ¿Cómo podría estar nerviosa? ¡Ni siquiera voy a pararme frente a todos los Alfas del

