Los dos se quedaron sin palabras. Se miraron fijamente. La sala estaba en penumbra. La única luz provenía de unas velas que había dispersas por el suelo. Claudio llevaba un slip transparente de color blanco. Se le transparentaba toda la polla. Se ruborizó cuando Darío bajó la mirada. - Lo siento, dijo Claudio avergonzado. Darío no encontraba palabras para decir. - No te esperaba aquí. No te preocupes, tus razones tendrás para hacerlo... no te voy a juzgar porque no soy quien. Claudio le hizo una señal con la mano para que pasara. Darío dudó si entrar o huir. Finalmente entró. Claudio cerró la puerta. Le invitó a tumbarse en la camilla: - Ya que estás aquí te puedo dar un masaje y podemos charlar tranquilamente... si te parece bien claro. No te quiero forzar pero Julián el ca

