Capítulo 7

869 Palabras
- "¡Vete a casa! No puedes hacerlo... no está bien lo que estás pensando... ¡No lo hagas!" le gritaba su conciencia. Comenzó a mirar para los lados. El parque estaba prácticamente vacío. Miró a lo lejos y localizó unos baños. Eran un pequeño edificio de forma circular. - "¡No lo hagas!" Miró hacía atrás y comprobó que el chico continuaba tras él. Seguía excitado y le echaba miradas lujuriosas. Darío agilizó el paso, su excitación iba a más. Entró en los baños de hombres. No había nadie en su interior. Respiró aliviado. Se introdujo en uno de los baños individuales y esperó a que el chico entrara junto a él. Cuando lo hizo, los dos se encontraron frente a frente. Darío cerró la puerta con mucho sigilo y se quedó inmóvil. El chico comenzó a palparle la entrepierna, primero suavemente y después con más fuerza. Se arrodilló en el suelo, le desabrochó el cinturón y le bajó el pantalón con furia. Darío estaba muy excitado. Le bajó los calzoncillos. El chico se quedó parado. - "¿Qué pasa? ¿No te gusta?" Pensó Darío. Se lo metió en la boca y comenzó a trabajarlo lentamente, sin prisa. Darío jadeaba de placer. Ya le deba igual que entrara o no alguien a los baños. Todo estaba fuera de su control. Eran momentos en los que se sentía plenamente libre. Darío explotó de placer. El chico se levantó, sonrió a Darío y salió a fuera, cerrando tras de sí la puerta del baño. Cuando salió Darío, chico había desaparecido y lo había hecho para siempre... Darío sabía que nunca más lo volvería a ver. Puso las manos bajo el grifo del lavabo y comenzó a echarse agua sobre la cara. Se empapó la camisa pero no le importó, ya se secaría dando un pequeño paseo por el parque antes de regresar a casa. No podría verle nadie con aquellas pintas porque empezarían a preguntarle y no quería levantar sospechas. Salió afuera, miró para los lados y comprobó que no había nadie. Mientras paseaba por el parque, se tropezó con otro chico que le dio la impresión que también se le estaba insinuando. Darío siguió avanzando con paso firme, se detuvo, miró hacía atrás y efectivamente el chico se había detenido y estaba mirándole descaradamente. - Esto es zona de cruising, pensó Darío. Nunca lo hubiera imaginado con tantos años que llevo viviendo en Madrid. La camisa de nuevo ya estaba seca. Cuando salió del parque se encontró de frente con la Puerta de Alcalá. Entonces cayó en la cuenta que llevaba ya un buen rato sin mirar el móvil. Se metió la mano en el bolsillo trasero del pantalón y no lo encontró. Hizo igual en los bolsillos delanteros: - ¡Mierda! ¿Dónde está el móvil? Empezó a angustiarse, miró hacía el suelo, retrocedió unos pasos para comprobar si se le había caído pero nada, no había ni rastro del móvil. - ¡Mierda se me ha caído en el baño! Comenzó a correr en dirección a los baños. Cuando entró, había de espaldas un señor mayor orinando. Buscó la puerta donde había estado instantes antes. Estaba completamente abierta. Ni rastro del móvil. - "¡Me lo ha robado él! ¡Lo mato!" Cuando se dio la vuelta, el señor había desaparecido. Ya no había nadie. Miró por el resto de lavabos para comprobar si alguien lo habría dejado por allí pero no hubo suerte. Salió afuera y comenzó a correr en todas direcciones en busca del chico. Ni rastro de él. - "¿Y ahora qué hago yo? Si voy a la policía ¿Cómo voy a decir que lo he perdido en los baños..? Levantaré sospechas. ¡Ah no! ¡Eso es! Diré que al levantarme del wáter debió de caerse al suelo! Se fue en busca de la comisaría más cercana. Comenzaron a angustiarle las preocupaciones: - "¿Y si me ha escrito Claudio? Tengo que encontrar el móvil cómo sea... ¡Pero que hago pensando estas cosas! ¡Para ya de pensar en sandeces cómo si fueras un crío de dieciocho años!" Cuando entró a la comisaria, fue directo al mostrador. Relató lo qué le había sucedido y el policía, tras identificarle y tomar nota de los hechos, le pidió que pasara a una sala de espera. Tomó asiento y comprobó aliviado, que no conocía a nadie de los que había allí presentes. En apenas diez minutos le llamaron por megafonía. Pasó a una sala con una gran mesa rectangular en el centro. Tras ella, había sentados dos policías: - Siéntese usted, por favor-le pidió uno de ellos. Aquí tiene usted su teléfono. Nos lo ha traído un chico joven que estaba haciendo deporte por la zona. Verifique en nuestra presencia si le falta algo. Ha tenido usted mucha suerte. Comprobó que el chico le había quitado todo el dinero de la cartera pero no dijo nada porque a cambio le había hecho pasar un buen rato: - Está todo correcto, muchas gracias... Al salir a la calle, estaba impaciente por comprobar si había recibido wasaps. Efectivamente había tres notificaciones de wasaps Los tres eran de Claudio.
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