💵2; Preparativos💵

1650 Palabras
Al día siguiente, me despierto como todas las mañanas, con la precisión de un reloj. El primer rayo de luz atraviesa las cortinas y me incorporo lentamente. La rutina es mi refugio, el orden en un mundo de caos. Me dirijo al baño y me doy una ducha rápida, el agua caliente eliminando los últimos vestigios de sueño. Elijo con cuidado el traje que voy a ponerme para el día. Me decanto por un traje n***o clásico, siempre una elección segura. La corbata azul oscuro y los gemelos de plata completan el conjunto. Me miro en el espejo, ajustando los detalles hasta que todo está perfecto. Bajo al comedor y la casa se ve como siempre, impecablemente arreglada. No queda rastro de la fiesta de la noche anterior, gracias a la eficiencia de mi personal. Al entrar en el comedor, veo a mi madre, mi tía, mi primo Vladimir y mi hermana Cristal ya sentados en la mesa. —Buenos días —digo, saludándolos mientras tomo asiento. Una de las criadas se acerca rápidamente y me sirve una taza de café. La agradezco con un leve gesto de la cabeza y tomo un sorbo, disfrutando del sabor fuerte y amargo. —Christopher, ¿dormiste bien? —pregunta mi madre, rompiendo el silencio. —Como siempre, madre —respondo, sin levantar la vista del café. Vladimir, con su actitud despreocupada habitual, me mira con una sonrisa torcida. —Hermosa fiesta anoche, primo. Aunque te perdiste lo mejor. Lo ignoro, concentrándome en el café. Vladimir siempre sabe cómo presionar mis botones, pero hoy no tengo paciencia para sus juegos. —¿Cuáles son tus planes para hoy, Christopher? —pregunta mi tía, tratando de desviar la conversación. —Reuniones, como siempre. Y algunos asuntos que necesitan mi atención personal. Mi madre me observa con esos ojos que no dejan pasar nada. —Espero que uno de esos asuntos incluya a Sofía Rossi. Levanto la vista y la miro directamente. —Todo a su debido tiempo, madre. Sé cómo manejar mis asuntos. Cristal, que ha estado observando la interacción en silencio, finalmente interviene. —Bueno, espero que manejes todo sin más... incidentes. Ya sabes lo rápido que corren los rumores. —No me preocupan los rumores —respondo con frialdad—. Me preocupan los resultados. El silencio se instala nuevamente en la mesa, cada uno de nosotros perdido en nuestros propios pensamientos. Termino mi café y me levanto. —Que tengan un buen día —digo, y sin esperar respuesta, me dirijo al exterior, preparado para enfrentar lo que sea que el día me depare. Salgo al exterior, donde Natan me espera junto con unos cuantos hombres más. —Buenos días, jefe —saluda Natan, su tono respetuoso. —Hoy estaremos en Highland Spirits —le informo, mientras subo al auto. Natan asiente y da instrucciones rápidas a los demás hombres antes de unirse a mí en el vehículo. El motor ruge suavemente mientras arrancamos, dejando atrás la mansión y adentrándonos en las calles de la ciudad. —¿Hablaste con Charles? —pregunto, fijando la vista en el paisaje urbano que pasa rápidamente. —Sí, jefe —responde Natan—. Está preparando los documentos necesarios para la visita a la mansión Rossi. Todo estará listo para cuando lleguemos. Asiento, satisfecho con su respuesta. Charles siempre ha sido eficiente y meticuloso, y necesito que todo esté en orden para la visita. La incorporación de Sofía a mi vida no es solo una cuestión personal; es un movimiento estratégico que consolidará aún más mi control. —Bien —digo, tomando un respiro profundo—. Quiero que nada se deje al azar. La reunión en Highland Spirits es crucial. Necesitamos asegurarnos de que todo en la destilería esté funcionando a la perfección antes de la expansión. —Entendido, jefe. He estado monitoreando la producción y todo parece estar en orden. Pero una revisión final no hará daño. La conversación se detiene mientras el auto avanza por las calles. Mi mente, sin embargo, sigue trabajando, planificando cada detalle. El whisky de Highland Spirits es una pieza clave en mis planes de expansión, y no puedo permitirme ningún fallo. Y luego está Sofía, un elemento igualmente crucial que requiere un manejo delicado pero firme. —Natan, asegúrate de que los hombres estén preparados para cualquier eventualidad hoy —le digo, rompiendo el silencio. —Lo estarán, jefe. No se preocupe. Asiento nuevamente, sabiendo que Natan cumple siempre con su palabra. La ciudad sigue pasando a nuestro alrededor, y mientras nos dirigimos a la destilería, siento que cada paso nos acerca más a la consolidación de nuestro imperio. Llegamos a la destilería Highland Spirits, una estructura imponente que refleja el poder y la tradición de nuestra marca. Desde el momento en que bajo del auto, todos se percatan de mi presencia, sus saludos y miradas de respeto no pasan desapercibidos. Sigo caminando con determinación, ignorando los murmullos y las miradas furtivas, y me dirijo directamente al ascensor. Subo hasta el último piso, donde se encuentra mi oficina. Las puertas del ascensor se abren y soy recibido por mi secretaria, una rubia con una minifalda ajustada y un busto prominente. Su apariencia siempre llama la atención, pero ahora necesito información, no distracciones. —Buenos días, señor Moretti —dice, su voz temblando ligeramente—. ¿Cómo fue su mañana? La miro de arriba a abajo, tomando nota de su nerviosismo. Me gusta que mis empleados estén alerta, pero también necesito eficiencia. —Informa, Samantha —ordeno, mientras comienzo a caminar hacia mi oficina. Ella se apresura a seguirme, con una carpeta en la mano, tratando de mantener el ritmo. —El informe de producción muestra un aumento del diez por ciento en las últimas dos semanas. Además, los nuevos barriles han pasado todas las pruebas de calidad —dice, su voz temblando menos a medida que se adentra en los detalles técnicos. —¿Qué hay de las exportaciones? —pregunto, sin detenerme. —Todo está en orden, señor. Los envíos a Europa están programados para salir esta semana y no hay retrasos previstos. Asiento, satisfecho con la información, y abro la puerta de mi oficina. La habitación está impecablemente ordenada, cada detalle en su lugar, reflejando el control que mantengo sobre cada aspecto de mi vida y mis negocios. —Perfecto. Asegúrate de que los informes completos estén en mi escritorio antes del mediodía. Y Samantha... —me detengo, girándome para mirarla directamente—. No quiero sorpresas. Ella asiente rápidamente, su rostro pálido. —Sí, señor Moretti. Lo haré. La dejo salir y cierro la puerta detrás de ella. Me acerco a mi escritorio, encendiendo la pantalla de mi computadora y revisando los correos electrónicos importantes. Cada movimiento, cada decisión, se hace con un propósito claro: consolidar y expandir mi imperio. Y hoy, cada paso que doy me acerca más a ese objetivo. Estoy concentrado en mi trabajo, revisando los informes de producción y exportación, cuando el comunicador en mi escritorio emite un leve pitido. —Señor Moretti, Charles está afuera —anuncia Samantha. —Que pase —respondo sin levantar la vista de los documentos. Unos segundos después, la puerta se abre y Charles entra, su expresión como siempre, tranquila y profesional. Lleva una carpeta bajo el brazo, llena de documentos que sé que son cruciales para nuestros próximos movimientos. —Buenos días, Christopher —saluda Charles, tomando asiento frente a mi escritorio. —Charles —respondo, asintiendo levemente—. ¿Todo está en orden? —Sí, señor. He preparado todos los documentos necesarios para la visita a la mansión Rossi. Aquí están los contratos preliminares y las cláusulas que debemos revisar antes de la reunión. Me pasa la carpeta y la abro, revisando los papeles con atención. Charles siempre ha sido meticuloso en su trabajo, y confío en su juicio, pero no dejo nada al azar. —Excelente trabajo, Charles. Necesito que todo esto esté listo y sin errores. —Lo entiendo perfectamente, Christopher. También he tomado la libertad de incluir algunas cláusulas adicionales para proteger los intereses en caso de cualquier imprevisto. —Perfecto. Asegúrate de que Ruth esté al tanto de todo antes de la reunión. No quiero sorpresas. Charles asiente, su rostro imperturbable. —Haré los arreglos necesarios. ¿Hay algo más que deba hacer ? —No, eso será todo por ahora. Manténme informado de cualquier cambio o novedad. Charles se pone de pie, listo para marcharse, pero se detiene un momento. —Una cosa más, Christopher —dice Charles, deteniéndose en el umbral de la puerta. —¿Qué pasa ahora? —pregunto, mi tono tenso por la interrupción. —La señora Ágata me contactó —comienza Charles, midiendo sus palabras—. Me pidió que formulase un acuerdo prenupcial. Frunzo el ceño, claramente molesto por el atrevimiento de mi madre. Siempre está metiendo las narices en mis asuntos, tratando de controlar lo que no necesita control. —¿Y qué le dijiste? —pregunto, esforzándome por mantener la calma. —Le dije que no me oponía, pero que necesitaba informarle a usted primero —responde Charles con profesionalidad, sin mostrar ninguna emoción en su rostro. Me levanto de mi silla y camino hacia la ventana, tratando de contener mi irritación. Mi madre siempre ha tenido sus propias agendas, y aunque sus intenciones puedan ser buenas, no puede interferir en mis decisiones. —Déjalo sin efecto. No quiero ningún cabo suelto que pueda causar problemas en el futuro. —Por supuesto, Christopher. Me encargaré personalmente de que todo esté en orden. —Bien. Y mantén a mi madre fuera de esto. No necesito que se meta más de lo necesario. Charles asiente y sale del despacho, dejándome nuevamente solo con mis pensamientos. Ágata piense que puede controlar las cosas desde las sombras, le demostraré que solo hay un titiritero en esta obra, y soy yo.
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