Siento el roce suave de unas manos deslizándose por mi piel, cálidas, firmes, pero con una delicadeza que me hace estremecer. Mis ojos permanecen cerrados, el mundo exterior desvaneciéndose poco a poco mientras me dejo llevar por la sensación. Es como si el tiempo se detuviera, dejando solo ese contacto íntimo y la calma que trae consigo. Una parte de mí sabe que no debería relajarme así, pero me es imposible resistirme. Mi respiración se vuelve más lenta, más profunda, y las manos continúan su recorrido, trazando caminos invisibles por mi cuerpo. Mi mente, adormecida por el cansancio y la confusión, no logra identificar con claridad qué es real y qué es una fantasía, pero ahora mismo, no importa. Solo quiero seguir en este estado, en este momento de desconexión total. Pasan unos segundo

