Me levanté y salí huyendo del restaurante. Tenía como delantera los minutos que él se demoraría en pagar la cuenta. Corrí una cuadra y tomé un taxi. Estaba tan avergonzada. Varios minutos después, mi teléfono empezó a sonar. Era él. Lo sabía sin siquiera mirar el teléfono. Lo dejé sonar y me quedé perdida en mis pensamientos, pero él no paró de llamar. Cuando me aturdió, me decidí por apagarlo. Tenía varios mensajes también, los que miré solo en la pantalla, sin abrir la aplicación de mensajes. —“Esposo: ¿A dónde fuiste, Bree? ¿Por qué saliste corriendo?” —“Esposo: No me diste tiempo de responderte.” —“Esposo: ¿Dónde estás?” —“Esposo: Contesta para que podamos hablar.” —y así continuaban sus mensajes. Volvió a llamar justo, cuando tenía el teléfono en mis manos. Estuve tentada a cont

