Caminé nerviosa de un lado a otro, prefería morir antes que contarle, pero tenía que hacerlo. Él me seguía mirando con esa expresión que me ponía los nervios de punta, pero me acobardé y no pude. Así que, me senté a su lado y me pegué a él. —No quiero pelear más contigo, estoy cansada. Solo quiero acurrucarme contigo y decirte lo mucho que te amo —él me miró extrañado. —¿Tanto te costaba decirme eso? —asentí. —Ya me conoces, soy un poco terca —dije suspirando. Él me abrazó y me dio un beso en la frente. —Entonces ¿ya puedo dormir contigo? Dormir abrazado a Caronte es un poco incómodo, es muy peludo —dijo riendo. Asentí, pero mi cabeza seguía intranquila, tenía que haberle dicho. ¡Tenía que habérselo dicho en ese momento! Había averiguado sobre un examen de ADN. Tenía dos opciones, l

