Me levantaba algo agitado, mi boca seca, mi cabeza parecía explotarme, mis ojos parpadeaban varias veces para acomodarse a la luz de aquella habitación ¿Dónde estaba? Esto era lo único que mi cerebro podría procesar. Intente moverme, pero mi cuerpo parecía tener algo de peso. Mi mirada lentamente bajaba notando a una mujer rubia recostada encima de mí. -Pero qué demonios. -Susurre levemente confundido. Intentaba recordar, pero tenía tantas lagunas mentales que ni siquiera podía entender que estaba pasando. Con algo de búsqueda empuje a aquella mujer sin ver quien era lanzándola de la cama, no se qué paso, pero sabía que en mis cinco sentidos no hubiera estado con nadie más que no fuera Alexandria. -Pero que te pasa. Al escuchar su voz, su maldita voz puso todos mis sentidos en alerta,

