Martes, 13 de Julio de 2004. Lo último que Isabella Tybur recordaba en sus memorias fue ver a esa colosal, gruesa y escamosa mano de pez, saliendo del fondo del océano para tomar al ciempiés humano que forcejaba con esa cuerda que parecía estar encantada, puesto que no podían retirarse de esa endemoniada y tensa soga que los aprisionó como sí una aterradora fuerza cósmica en medio de la noche los hubiese encantado a ella. Para que al final fuesen succionados por aquel espeluznante remolino en un parpadeo. Lo que provocó algo más grande que el horror en sí en cada uno de los espectadores, quienes se desplomaron sobre el suelo, y comenzaron a convulsionar de repente. Mientras que los de mente más fuerte se quedaron abrazando sus cuerpos temblorosos, con un rostro de completo shock. Sin dej

