Narra Ronald. En la parte trasera de la mansión Zas, salté traspasando una ventana, la habitación de Eira tenía las luces encendidas, en la cama de sábanas blancas, mi novia se encontraba sentada, brevemente inclinada, me miro con sus ojos grises llamativos y me regalo una sonrisa de bienvenida. Ya no tenía puesto el vestido de gala, ahora una bata sedosa remarcaba su silueta, sus piernas descubiertas hasta sus delicados pies. Avance hasta situarme a su lado, no deje que hablara, agarre su rostro entre mis manos y la bese, robándole su respiración por unos minutos que parecieron una eternidad, ella me correspondió colocando sus manos encima de las mías y cuando se puso de espaldas contra la cama, me ubique encima suyo, teniendo cuidado de no aplastarla con mi peso. Era un regalo haber

