Mi nombre es Miguel y tengo 31 años. Soy abogado y trabajo en un bufete de mediano tamaño en mi ciudad, somos en total unos doce profesionales, dirigidos con mano experta y dura por Enrique O, el director y propietario de la firma; aunque acumulo algunos pequeños éxitos profesionales y mi dedicación está fuera de duda, mi carácter introvertido y no demasiado socializador ha hecho que permanezca relativamente al margen de las disputas internas por el poder y los ascensos en el escalafón del despacho, lo que me ha mantenido tranquilo y al margen de conflictos, pasando desapercibido y sin llamar demasiado la atención del propietario ni de los dos socios directores. Un buen día, mientras almorzaba en uno de los bares cercanos al bufete, conocí a una chica algo más joven que yo y que, como es

