Dante — Dante – dijo Fedor. – Cualquier cosa qué necesites, ven a Marbella y te ayudaré, no dudes de eso – estreche su mano. — Gracias – dije mirándolo. – Lo tomaré en cuenta cuando esté huyendo – le sonreí. Andrea se despidió de ellos y con nuestras cosas listas abordamos el jet privado de Enzo qué nos llevaría a Roma. Andrea se sentía cómo una mujer prestigiosa y me encantaba verla así, dando órdenes, pidiendo cosas caras. Me encanta verla siendo caprichosa, egoísta, arrogante y mía. — Quiero brindar – dijo Andrea, dándome una copa de champán rosado. — ¿Brindar porque? – dije mirando las burbujas en la copa. — Por nosotros, obviamente – estaba por inclinar la copa, cuando la baje. – ¿Qué pasa? — Quiero brindar, pero después de qué me digas tu respuesta a esto – la miré y sus ojo

