—¿Má? Me golpeó el alivio. Zayn siempre contesta. Aunque esté en la montaña, aunque esté con las manos en harina, aunque esté sosteniendo al mundo con los hombros. Siempre. —Estoy aquí —dije, y me escuché serena—. ¿Cómo estás? —Bien. —Pausa breve—. Estamos en casa. Elías acaba de dejar los patines en la puerta como si fueran una ofrenda. Amaya está preparando chocolate, Lía discute con Ethan acerca de si la canela arruina o mejora las cosas, y Aidan decidió que hoy se sienta en el suelo porque “la gravedad lo llama”. —Expiró una sonrisa—. El invierno tiene humor. Me reí bajito. Me hacía bien escucharlo, esa forma suya de rodear el miedo con detalles. Pero había un motivo para la llamada, más allá de saber cómo caía la nieve en Suiza. —Quiero hablar con Elías —dije, sin rodeos. —Claro

