ETHAN Me encantaba verla así. Lía encima de mí, montándome con una determinación que me volvía loco, los ojos cerrados, el cabello cayéndole en mechones sueltos sobre la cara, la piel brillante de sudor. Sus movimientos eran rápidos, intensos, salvajes. Cada vez que bajaba, la sensación me arrancaba un gemido que apenas podía contener. Yo no podía dejar de mirarla. Su cuerpo delgado, sus caderas marcando el ritmo, sus pechos rebotando frente a mí en una imagen que se me grababa como una maldita obsesión. Siempre habían sido mi debilidad. —Joder, Lía… —murmuré, agarrándola por la cintura, ayudándola a moverse más rápido. Ella soltó un gemido agudo, y lo siguiente fue sentir cómo su cuerpo me apretaba con fuerza, temblando sobre mí. Se corrió con un grito entrecortado, hundiendo las uñas

