—Aidan —le dije—, ¿cuál es tu técnica secreta? —Cantar —contestó, solemne. —¿Cantar qué? —Canciones tristes para no ir demasiado rápido. —¿Ejemplo? —“Danny Boy”… —entonó, mal—. Pero si quieren algo más moderno… —No, gracias —dijimos los cuatro al mismo tiempo, y nos soltamos a reír. Volvimos a la pista. Zayn me propuso hacer “serpientes” cortitas: curvas controladas, giro, freno suave, giro. Me colocó las manos a la altura de los bastones. —Imagina que sostienes dos bandejas —dijo—. No las voltees. —Soy mesera. —La mejor. Las mesas esperan. Hice la primera curva torpe, la segunda aceptable, la tercera bonita. En la cuarta me creí demasiado y me fui un poco más rápido de lo que quería. Sentí la adrenalina subir y el pánico tocar la puerta—es esa sensación de que el piso se te va.

